Los efectos de la comida en los niveles de glucosa en sangre son individuales

¿Qué alimento es más probable que aumente los niveles de azúcar en la sangre, el sushi o el helado? De acuerdo con un estudio del Instituto Weizmann, en Israel, publicado en la revista Cell, la respuesta varía de una persona a otra. El estudio, monitoreó durante una semana de manera continua los niveles de azúcar en la sangre de 800 personas.

El estudio sugiere que las recomendaciones nutricionales deben ser personalizadas y revela que la reacción del cuerpo a cualquier alimento es altamente individual.

El estudio, llamado Proyecto de Nutrición Personalizada (www.personalnutrition.org), fue realizado por los grupos del profesor Eran Segal, del Departamento de Ciencias de la Computación y Matemática Aplicada, y del doctor Eran Elinav, del Departamento de Inmunología.

Segal dice: “Nos enfocamos en la glucosa en sangre porque los niveles elevados son un factor de riesgo importante relacionado con la diabetes, la obesidad y el síndrome metabólico. Las grandes diferencias que encontramos en el incremento de las cifras de azúcar entre distintas personas que consumieron comidas idénticas, explica por qué las elecciones alimentarias personalizadas probablemente ayuden más a la gente a tener buena salud, que los consejos nutricionales universales”.

De hecho, los científicos descubrieron que distintas personas responden de manera muy diferente tanto a comidas simples como a complejas. Por ejemplo, los niveles de azúcar de un número grande de participantes se elevaron abruptamente tras consumir alimentos con glucosa estandarizada, pero en el caso de muchos otros, se incrementaron al comer pan blanco.

De acuerdo con Elinav: “nuestro objetivo en este estudio fue encontrar los factores que determinan una respuesta individualizada de los niveles de glucosa en la sangre ante la ingestión de comida. Utilizamos esa información para desarrollar recomendaciones nutricionales personalizadas que puedan ayudar a prevenir y tratar la obesidad y la diabetes, que son algunas de las epidemias más severas en la historia de la humanidad.”

David Zeevi y Tal Korem, estudiantes de doctorado en el laboratorio de Segal, condujeron el estudio, el cual fue único en su tipo y en la inclusión del análisis de los microbios del intestino (microbioma); recientemente se ha demostrado que juegan un papel importante en la salud y en la enfermedad de los humanos.

Los participantes del estudio fueron equipados con pequeños monitores que medían continuamente sus niveles de azúcar en la sangre. Se les pidió que registraran todo lo que comían, así como información relacionada a su estilo de vida como el dormir y la actividad física. En total, los investigadores evaluaron la respuesta de distintas personas a más de 46 mil comidas.

Tomando en cuenta estos múltiples factores, los científicos generaron un algoritmo para predecir la respuesta personal al alimento, basado en los estilos de vida de las personas, el historial médico y la composición y función de su microbioma.

En un estudio sucesivo con otros 100 voluntarios, el algoritmo predijo de manera exitosa el incremento del azúcar en la sangre al ingerir distintas comidas, demostrando que podía ser aplicado a nuevos participantes. Los científicos pudieron mostrar que el estilo de vida también es importante.

La misma comida afectó los niveles de azúcar en la sangre de manera distinta en la misma persona, dependiendo, por ejemplo, de si su consumo fue antecedido por ejercicio o por un periodo de sueño.

En la etapa final del estudio, los investigadores diseñaron una intervención dietaria basada en su algoritmo; esto fue una prueba de la capacidad de poder prescribir recomendaciones personales que disminuyan el efecto de los niveles de glucosa en la sangre.

A los voluntarios se les asignó una “buena” dieta personalizada durante una semana y una “mala” personalizada durante otra semana. Ambas fueron diseñadas con el mismo número de calorías, pero diferían para cada participante.

Algunos de los alimentos de la “buena” dieta de una persona, formaban parte de la “mala” dieta de otra. El seguimiento de la primera logró mantener el azúcar sanguíneo en niveles estables y saludables, mientras que la segunda provocó picos en la cantidad de glucosa.

Además, como resultado de las “buenas” dietas, los voluntarios experimentaron cambios consistentes en la composición de su microbioma intestinal, lo que sugiere que éste puede ser afectado por la alimentación personalizada y también jugar un papel en la respuesta de los niveles de azúcar sanguíneos en los participantes.

Los científicos están actualmente inscribiendo voluntarios israelíes para un estudio a largo plazo sobre la intervención dietaria que se enfoca en personas con niveles consistentemente altos de azúcar en la sangre, quienes se encuentran en riesgo de desarrollar diabetes. El objetivo es prevenir o retrasar la enfermedad.

Fuente: LatamIsrael