Con la diabetes como compañera de viaje

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"Nunca he subido en avión porque me da vértigo, no por ser diabética. Cuando me preguntan cómo ha influido en mi vida el tener esta enfermedad, mi respuesta es siempre la misma: de ninguna manera y en ningún sentido. Las limitaciones te las pones tú"

María Rasal, de 41 años, lleva 13 conviviendo con la que ella denomina "mi compañera de viaje". A los 28 años, y durante una de las consultas con el endocrino al que acudía regularmente desde su adolescencia por un problema de obesidad, la analítica reveló que padecía diabetes tipo 2 (DM2), una patología que los especialistas no dudan en calificar como pandemia de magnitud mundial (425 millones de diagnósticos al año, con unas previsiones para 2045 que apuntan a un aumento de casos del 48%).

Si en su día el diagnóstico de María no era lo habitual -la DM2 se asociaba hasta hace poco a pacientes de más edad- actualmente se trata de una tendencia al alza directamente asociada al preocupante aumento de los índices de sobrepeso y obesidad entre los más jóvenes (de un 24,7% en el caso de los españoles de entre 16 y 30 años, según datos recientes de la Sociedad Española de Obesidad, SEEDO). Lo explica Sharona Azriel, del Servicio de Endocrinología del Hospital Quirónsalud Madrid: "El incremento exponencial de la obesidad en la infancia y la adolescencia como consecuencia del sedentarismo, el cambio de hábitos y el exceso calórico de las dietas a estas edades se ha traducido en un aumento significativo de la prevalencia de la DM2 entre este grupo de población. Además, en estos jóvenes, el riesgo de complicaciones crónicas derivadas de la diabetes es mayor y se presenta a edades más tempranas, sobre todo en lo que se refiere a las enfermedades cardiovasculares".

La firme evidencia, reforzada por las investigaciones más recientes, del estrecho nexo entre los hábitos de vida y el riesgo de desarrollar diabetes supone en cierta medida una "ventaja" frente a otras enfermedades, ya que abre la posibilidad de tomar parte activa en su prevención y en el control cuando se diagnostica, incluso en personas que tienen un componente genético, como es el caso de María, cuya abuela era diabética: "El médico me dejó claro que tenía que introducir cambios en mi estilo de vida, sobre todo en el tipo de alimentación y la práctica de ejercicio, que son, junto a la medicación, las tres pautas en las que se basa actualmente el tratamiento de la diabetes".

"NADA DE DULCES" Y OTRAS IDEAS ERRÓNEAS

En relación con esto, María Rasal señala que a pesar de las campañas de concienciación, sigue habiendo muchos mitos e ideas erróneas en torno a esta enfermedad, y uno de ellos es precisamente la alimentación: "Es verdad que antes las pautas eran muy estrictas y había muchos alimentos prohibidos. Incluso no estaba aconsejado hacer ejercicio físico. Recuerdo que al poco de mi diagnóstico, mis amigos celebraron un cumpleaños y en deferencia a mí, eliminaron cualquier rastro de dulces y optaron por una cena a base de espaguetis (que, al igual que el azúcar, son hidratos de carbono, por lo que hay que controlar su ingesta para no alterar los niveles de glucosa en sangre). Se lo agradecí mucho, pero me habría hecho el mismo efecto tomarme un trozo de tarta... Los diabéticos no tenemos prescrita una dieta 'especial'; podemos comer de todo, pero de forma controlada, algo que por otro lado, debería hacer todo el mundo, tenga o no diabetes, igual que la práctica de ejercicio".

Como destaca la doctora Azriel, el tipo de alimentación es uno los principales factores de riesgo modificables de la DM2 "y en este sentido es especialmente recomendable la dieta mediterránea suplementada con aceite de oliva virgen extra o frutos secos, que ha demostrado su efectividad para reducir el riesgo de diabetes y de las consecuencias de esta enfermedad, sobre todo el accidente cerebrovascular".

En cuanto al ejercicio físico, la especialista comenta por qué es tan importante incluirlo en la rutina diaria, y que éste sea tanto aeróbico como anaeróbico: "El trabajo muscular mejora el transporte de glucosa al interior de las células, que es a su vez uno de los factores más importantes para reducir las cifras de glucemia. Tanto el ejercicio como la dieta deben ser lo más personalizados posible, buscando siempre que el ritmo de vida del paciente no se vea limitado de manera significativa. La medicación también se individualiza en función de la edad, las comorbilidades, el estado físico, etc.", afirma Sharona Azriel, quien comenta también que el tratamiento actual de la DM2 se inicia con un antidiabético oral, la metformina, y habitualmente se mantiene con una combinación de dos antidiabéticos orales o de un medicamento oral más insulina.

"Mi endocrino ya me había concienciado sobre la importancia de hacer ejercicio, pero tras el diagnóstico tuve que adaptar el ritmo y la intensidad. Camino todos los días: suelo ir al trabajo en bicicleta y me compré una elíptica, que tengo en la terraza de mi casa. Puedo decir que 'gracias' a la diabetes llevo un estilo de vida muy saludable y me he animado a afrontar retos que quizás no me habría planteado si no hubiera tenido la enfermedad, por ejemplo, hacer dos veces el Camino de Santiago", dice María Rasal.

LA IMPORTANCIA DEL IMPACTO EMOCIONAL

Sin embargo, no todo el mundo afronta con un talante tan positivo como María el diagnóstico, especialmente las personas jóvenes. Ella lo comprueba a diario en su trabajo como representante de la Asociación de Diabetes de Zaragoza: "El peor momento de todo el proceso es al principio. No es fácil asumir que padeces una enfermedad crónica, que es para toda la vida y que te tienes que medicar aunque no te 'duela' (la diabetes es una patología silenciosa)".

Para María, aunque el panorama del manejo de la enfermedad ha dado un giro de 180º y la calidad de vida de los pacientes ha mejorado de forma espectacular, debido sobre todo a los avances terapéuticos, aún hay asignaturas pendientes: "Una de ellas es lograr un abordaje más integral, ya que la diabetes es una enfermedad multifactorial, en la que la consulta con el endocrino es clave para controlar la evolución y los niveles de glucosa, pero también se necesitan revisiones con el oftalmólogo, el podólogo y otros especialistas, para controlar las posibles complicaciones. Y sobre todo, se debe prestar más atención a la salud emocional de estos pacientes, ayudándoles a gestionar la realidad que supone vivir con esta enfermedad. Mi consejo para las personas que acaban de recibir el diagnóstico es que tengan calma, que se informen, que aprendan a interpretar las señales de su organismo y que se pongan en contacto con la asociación de pacientes que haya en su localidad, algo que a mí me ayudó mucho, porque al principio estuve muy perdida. El 'modo diabetes' siempre va contigo, pero una vez la integras en tu vida, te das cuenta de que en el día a día es mucho más llevadera que otras muchas enfermedades, y que lo mejor es considerarla como un condicionante, nunca como un factor limitante", afirma María Rasal.

Fuente: elmundo.es

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