¿Cómo se relacionan la diabetes y la depresión?

Se ha comprobado que la diabetes se asocia con un riesgo elevado de sufrir trastornos psicológicos, especialmente en aquellos pacientes que manifiestan mayor número de complicaciones relacionadas con la enfermedad. Los factores sociodemográficos tales como el apoyo social y familiar o el estilo de vida en relación con la salud, aparecen como los más importantes moduladores de este riesgo diferencial entre las personas con la enfermedad.

La depresión suele estar presente en la mayoría de las enfermedades crónicas y que tiene un impacto que va más allá del importante malestar que implica, puesto que afecta a la puesta en marcha o no de conductas de autocuidado y de control de la enfermedad.

En la diabetes, la persona necesita realizar toda una serie de comportamientos que van desde el monitoreo constante del nivel de glucosa en sangre hasta la regulación de su actividad física o su conducta alimentaria. Por ello, es muy importante entender con precisión el papel y la relación de la depresión con diversas variables propias de esta enfermedad, puesto que interesa no solo conocer cómo se produce una reacción depresiva a la misma, sino también cómo puede convertirse en un factor añadido de riesgo para su propia evolución y pronóstico a mediano y largo plazo.

La diabetes es un claro ejemplo de enfermedad metabólica, cuya dinámica y evolución está en función directa de la conducta de la persona que la padece. Por ello, su evolución dependerá en gran medida de su adhesión al tratamiento, centrado en la realización de conductas de autocuidado, lo que enfatiza su responsabilidad en la consecución del objetivo de control.

Los adultos con diabetes insulinodependiente de larga evolución, casos en los que aumenta el número y la gravedad de las complicaciones por la condición, constituyen un porcentaje muy importante dentro del grupo de la población con diabetes. A corto plazo, pueden aparecer problemas añadidos en los primeros momentos de la enfermedad debidos básicamente a errores puntuales cometidos en el manejo de las pautas de tratamiento, pero transcurridos algunos años tras el diagnóstico, pueden manifestarse otras complicaciones más graves llamadas microangiopatías (neuropatía, retinopatía o nefropatía).

A todas ellas hay que añadir el alto riesgo de sufrir un marcado declive cognitivo y físico. Por todo lo dicho es razonable suponer que aparezcan síntomas depresivos aislados, depresión mayor o distimia, dado el gran deterioro que puede sufrir la calidad de vida de muchos de estos pacientes.

En una revisión de estudios previos sobre este tema realizada por investigadores de la Universidad de Valencia en España, se hallaron diversas relaciones de carácter estadístico entre la diabetes y la depresión. En general, todos los trabajos seleccionados para este análisis mencionan el estrecho vínculo existente entre ambos elementos, aunque la naturaleza de esta relación no ha sido suficientemente explicada hasta el momento.

Lo anterior quizás se deba a la falta de trabajos con una metodología de carácter experimental, que solo permiten afirmar con rigor ciertas relaciones, bidireccionales, entre diabetes y depresión, mas no determinar de manera definitiva los factores causales, sobre todo en cuanto a la influencia de estados emocionales en el transcurso y evolución de la enfermedad.

Lo datos que recogen las relaciones estudiadas entre diabetes, depresión y otras variables, aunque proceden fundamentalmente de estudios epidemiológicos, indican unas directrices claras de investigación, ya que en estos pacientes muestran relaciones negativas entre la depresión y factores como el rendimiento cognitivo, la percepción de buen auto-manejo, la actividad laboral y sexual, el bienestar e incluso la esperanza de vida.

Es necesario un cambio en el modo en el que los científicos de la conducta abordan su labor de investigación, así como en la forma en la que los receptores y usuarios de este conocimiento, incluyendo tanto a otros profesionales de la salud como a las potenciales organizaciones y entidades financiadoras, utilizan los resultados y conclusiones hasta ahora obtenidas.

Integrar los avances de la Psicología con los propios de otras ramas, como la genética y la medicina, aumentaría sustancialmente los actuales conocimientos sobre la diabetes, a la par que mejoraría la calidad de vida de las personas que viven y sufren esta enfermedad.

Fuente: ClikiSalud