Qué pautas alimentarias deben tener en cuenta las personas con diabetes

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Existen enfermedades y síntomas estrechamente relacionados con nuestra alimentación. Es el caso, por ejemplo, de la diabetes, sea del tipo que sea.

La diabetes consiste en “una serie de trastornos metabólicos en los que la glucosa en sangre está alta y permanece en estos valores elevados”. Así lo explicaba Carlos Ortega, médico de familia jubilado, especialista en diabetes y uno de los autores del Plan Integral de Diabetes de Andalucía, a Maldita.es. Estos trastornos pueden aparecer bien porque el páncreas no produce suficiente insulina o bien porque el organismo no la usa correctamente. A largo plazo y mantenidos en el tiempo, los niveles elevados de glucosa pueden provocar daños en todo el organismo, en sus tejidos, órganos (especialmente ojos y riñones) y vasos sanguíneos.

¿Cuál es la función de la insulina y qué problema supone en personas diabéticas?

Para entenderos, la glucosa es la principal fuente de energía para nuestro cuerpo. “La obtenemos a partir de la ingesta, ya que los alimentos pueden contener azúcares simples, pero también carbohidratos (cadenas de glucosa unidas mediante enlaces químicos)”, explica la dietista-nutricionista Natalia Celma en la página web del centro de nutrición Júlia Farré. Al digerir esos carbohidratos, nuestro cuerpo los descompone en azúcares simples (glucosa) que pasan al torrente sanguíneo.

He aquí donde entra en escena la insulina, la hormona que sintetiza nuestro páncreas. Esta es la encargada de que el azúcar que ‘hemos comido’ (así como la procedente de las reservas en el hígado y los músculos) pueda introducirse en el interior de las células y transformarse en energía.

En personas diabéticas, la insulina no desempeña correctamente su función. ¿Por qué? Por dos posibles motivos: el primero es que nuestro cuerpo no sea capaz de fabricarla en la cantidad necesaria; el segundo, que la que sí fabrica sea ‘defectuosa’. En estos casos “el azúcar se queda en el torrente sanguíneo en vez de entrar en las células, produciendo hiperglucemia”, indica Celma.

Lo que el término ‘hiperglucemia’ supone es que los niveles de azúcar en sangre se disparan hasta alcanzar los 180 e incluso 200 miligramos por decilitro (mg/dl) cuando, según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés), los valores ‘normales’ se sitúan por debajo de los 99 mg/dl.

La alimentación es un pilar fundamental para el control de la diabetes

La alimentación, junto al tratamiento farmacológico y el ejercicio, es uno de los pilares fundamentales para controlar la diabetes. “Tener diabetes no implica no poder volver a disfrutar de la comida, sino adquirir conocimientos suficientes para conocer qué grupos de alimentos tienen la capacidad de elevar la glucemia y, por lo tanto, se deben vigilar para que el control sea bueno”, subraya Celma.

Como regla general, tal y como señala la Federación Española de Diabetes (FEDE), se recomienda seguir una dieta saludable y equilibrada, rica en frutas y verduras y con bajo contenido en grasas saturadas e hidratos de carbono refinados. “Dependiendo de las necesidades particulares de cada persona con diabetes, los profesionales sanitarios podrán hacerle recomendaciones específicas en cuanto a la composición de la dieta, atendiendo a qué tipo de diabetes padece y la necesidad de manejar cualquier complicación que haya podido surgir”, añade.

Por qué controlar el consumo de hidratos de carbono en la diabetes

Los carbohidratos son la fuente principal de energía. Como mencionábamos, cuando nuestro cuerpo digiere este macronutriente, genera glucosa que pasa a la sangre para ser distribuida por el organismo.

Dado que en las personas con diabetes se dan problemas para hacer que las células utilicen la glucosa, evitando así que los niveles de azúcar en sangre excedan los máximos saludables, una de las pautas en su alimentación se basa en evitar ingerir estos nutrientes en exceso, reduciendo así el riesgo de hiperglucemia.

En particular, deben restringirse los azúcares simples, como los que contienen los zumos, los refrescos y los alimentos procesados a partir de harinas refinadas. La cantidad y momento en el que se toman los hidratos de carbono debe adaptarse tanto a la pauta farmacológica como a los hábitos de ejercicio físico, según indica el Instituto Nacional de la Diabetes y de las Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos (NIDDK, por sus siglas en inglés): “La cantidad correcta de carbohidratos varía de acuerdo a cómo maneja la diabetes, e incluye cuánta actividad física hace y qué medicinas toma, si es del caso. Su equipo de atención médica puede ayudarle a crear un plan de alimentación personal basado en el conteo de carbohidratos”.

¿Existen recomendaciones específicas sobre el consumo de proteínas en la alimentación de una persona diabética?

Como ya explicamos en Maldita.es, las fuentes principales de proteínas son la carne blanca y magra, el pescado, los huevos… pero también las legumbres y los frutos secos. Independientemente de su origen, animal o vegetal, la recomendación de FEDE en relación a la ingesta de proteínas es que esta represente del 10% al 30% del aporte calórico total y proceda, preferiblemente, de fuentes saludables. El NIDDK propone la carne magra (con poca grasa), pollo o pavo sin piel, pescado, huevos, nueces y maní, leguminosas como garbanzos y sustitutos de la carne, como el tofu.

Eso sí, para las personas con neuropatía diabética (una de las posibles complicaciones de la diabetes), “se recomienda restringir su ingesta diaria a un máximo de 0,8 gramos de proteína por kilogramo de peso”, cantidad aconsejada, en general, para el adulto sedentario medio.

Las grasas también deben cumplir su función

Como señala la FEDE, el porcentaje necesario de energía procedente de la grasa se determina en función del peso corporal, las glucemias (niveles de glucosa en sangre) y el perfil lipídico (las concentraciones de distintos tipos de grasas en la sangre) de cada persona.

En general, mientras que en los niños es necesario un aporte de grasas para su adecuado crecimiento, en adultos, especialmente si tienen sobrepeso u obesidad, es más probable que se necesite reducir su ingesta. “En las personas adultas con un peso saludable y con niveles de lípidos plasmáticos aceptables, la grasa puede representar el 30% de la energía total. Estos lípidos deberán ser, en su mayor parte, grasas insaturadas procedentes, por ejemplo, del aceite de oliva, el pescado azul o los frutos secos, con un máximo del 10% correspondiente a grasas saturadas de origen animal, como la mantequilla y la presente en las carnes rojas, y que la ingesta de colesterol no deberá superar los 300 mg/día”, aconseja la FEDE.

¿Qué ocurre con la fibra?

Una de las labores que tiene la fibra en nuestro organismo es ralentizar la absorción de los azúcares, evitando picos de glucosa tras las comidas y consiguiendo que su nivel en sangre se mantenga estable durante más tiempo. En el caso de personas diabéticas, las recomendaciones de ingesta de fibra son similares a las del resto de la población: en torno a unos 20 o 30 gramos al día.

Para que te puedas hacer una idea, según la base de datos FoodData del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, el kiwi aporta 3 gramos de fibra por cada 100 de fruta; la frambuesa aporta 6’5 y la pera, 3’1, por ejemplo. Por no hablar de legumbres como las lentejas (7’9 gramos) o frutos secos como las nueces (12’5 gramos).

Productos que debemos evitar (o cuyo consumo debemos reducir) en caso de diabetes

Como vemos y de acuerdo con la FEDE, en personas con diabetes basta con seguir las pautas para una alimentación saludable que se ajuste a sus necesidades específicas y que no hay por qué restringir ninguna fuente de nutrientes. Ahora bien, sí deben controlarse la cantidad y frecuencia de ciertas comidas. El NIDDK proporciona en su página web la siguiente lista: alimentos fritos y otros ricos en grasas saturadas y grasas trans; alimentos con alto contenido de sal; dulces, como productos horneados y helados y bebidas con azúcares añadidos, como zumos, gaseosas y bebidas energéticas.

Además, recomienda tomar agua en vez de bebidas azucaradas y evitar el azúcar en café y té, así como el alcohol, en la medida de lo posible.

Fuente: maldita.es

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