Amamantar previene la hipoglucemia

Amamantar al bebé dentro de los primeros 30-60 minutos del nacimiento y continuar con la lactancia materna a demanda es el principal factor para proteger al lactante sano nacido a término de las temidas hipoglucemias.

La transición del recién nacido a la vida extrauterina obliga al feto a prepararse intraútero para afrontar con éxito la vida extrauterina. Su organismo debe realizar una serie de cambios en el funcionamiento de los mecanismos de regulación, donde las hormonas que actúan durante la aclimatación al nacimiento, a excepción de la insulina, aumentan la disponibilidad de la glucosa, con el fin de garantizar la energía necesaria al cerebro y a los demás órganos, incluso cuando la alimentación se demore por algún motivo.

El amamantamiento precoz y exclusivo satisface las necesidades nutritivas y metabólicas del bebé sano. Una forma de ayudar a comenzar la lactancia materna dentro de los 30-60 minutos tras el nacimiento es posibilitar el contacto piel con piel entre madre y bebé nada más nacer y permitir su continuidad a través del colecho, que además de ayudar al establecimiento de la lactancia, facilitará la regulación térmica del recién nacido reduciendo su gasto metabólico (mínimo consumo de oxígeno y glucosa) y disminuyendo de este modo el riesgo de hipoglucemia.

No existe un consenso clínico sobre los valores «normales» de glucosa en el recién nacido. Esta cifra va a depender de las horas de vida del bebé, si la muestra obtenida es de sangre venosa o capilar, si ha comido, e incluso el profesional que lo valore.

Durante los primeros días después del parto para asegurar un correcto aporte de glucosa al lactante es necesario vigilar que el lactante realice al menos 10-12 tomas en 24 horas. No obstante, no es raro que tras el parto, el bebé comience a succionar del pecho de forma eficaz para luego dormirse un tiempo más o menos largo (4-6 horas). Siendo común que durante las primeras horas el recién nacido, sufra una caída fisiológica de la glucosa, hecho que se considera parte de la adaptación a la vida extrauterina, y que se resolverá de forma espontánea dentro de las siguientes 24 horas de vida. En definitiva, todos los mamíferos pasan por este proceso, considerándose normal que los niveles de azúcar disminuyan durante las 2-4 primeras horas de vida, pudiendo incluso encontrar valores de glucemia muy bajos (30 mg/dL). El organismo del recién nacido está funcional y metabólicamente programado para enfrentarse al ambiente extrauterino sin necesidad de realizar ningún control glucémico. La evidencia actual no apoya el empleo rutinario de glucosa o suplemento de fórmula que, en lugar de prevenir hipotéticas hipoglucemias, obstaculizan el buen establecimiento de la lactancia. Antes de utilizar estas estrategias, se debe facilitar y asegurar el amamantamiento. En el caso de que fuese necesario suplementar, como primera opción es recomendable utilizar la leche de la propia madre. No se requieren grandes cantidades, es suficiente con extraer 1-3 mililitros de leche por kilogramo de peso del bebé. Se puede administrar después de que el lactante haya realizado la toma del pecho. Esta es un alternativa mucho más eficaz que la administración de suero glucosado que aportará poca energía al bebé y un aporte proteíco cero. Las recomendaciones actuales aconsejan que en el caso de no poder suplementar con leche materna, esta se realice con fórmula hidrolizada. Interfiere menos en la lactancia materna y presenta un menor riesgo de desarrollar alergia a las proteínas de la leche de vaca. No obstante, en estos casos, es sugerible dar un apoyo adecuado para que la administración de estos complementos sea utilizada de forma transitoria y sea valorada como una indicación médica.

Suplementar con leche de fórmula es un consejo equivocado que no se debería darse sin haber probado previamente con la leche de la propia madre. Por ello, se debe conocer la técnica de extracción manual, a menudo mucho más efectiva que los sacaleches hospitalarios. Es obligatorio que los profesionales la dominen para ayudar a obtener calostro.

En ocasiones, me pregunto por qué las madres deben tener confianza ciega en que los profesionales sanitarios toman la decisión más adecuada en asuntos de la lactancia, si desde las direcciones sanitarias no se cuestiona en qué medida estamos capacitados para apoyarla y protegerla. Es normal encontrarnos con madres lactantes que desean amamantar que dependen del azar de encontrarse con un profesional que pueda ayudarla o contrariamente den con un profesional que, ante la mínima contrariedad, opte por la vía fácil y recomiende suplemento de leche de fórmula sin tan siquiera probar alternativas.

Fuente: La Razón