Una taza de vegetales verdes al día ayudan a combatir el hígado graso

Alcohol y obesidad. De manera independiente, estas son las dos principales causas para desarrollar hígado graso, una enfermedad que, de no recibir tratamiento oportuno, puede derivar en una cirrosis y en el desarrollo de tumores. Lo bueno es que se trata de una condición reversible, en la que la dieta juega un rol esencial.

Junto con evitar las grasas animales y embutidos, restringir el consumo de azúcares y moderar el de carbohidratos, investigadores del Instituto Karolinska de Suecia publicaron recientemente un estudio en el que sugieren que una mayor ingesta de vegetales de hojas verdes, como lechuga y espinaca, aumenta los niveles de nitrato inorgánico, lo que reduce la acumulación de grasa en el hígado o esteatosis.

“Y no se necesitan grandes cantidades para obtener los efectos protectores que hemos observado, solo unos 200 gramos por día (eso equivale a una taza)”, dijo el doctor Mattias Carlström, uno de los autores del trabajo.

“Desafortunadamente, muchas personas eligen no comer suficientes vegetales en estos días”, se lamentó.

Los nitratos

A pesar de que se han realizado muchos estudios clínicos, todavía hay un debate sobre qué propiedades de los vegetales los hacen saludables. En este caso, Carlström y sus colegas plantean que la clave está en los nitratos que aportan.

Al complementar con nitrato a ratones alimentados con una dieta occidental rica en grasas y azúcar, los investigadores notaron una proporción significativamente menor de grasa en el hígado.

Además de un menor riesgo de esteatosis, los científicos también observaron una reducción de la presión arterial y una mejoría de los niveles de glucosa en ratones con diabetes tipo 2.

Estudios anteriores han demostrado que el nitrato presente en los vegetales mejora la eficiencia de las mitocondrias (la planta de energía de la célula), lo que favorece la resistencia física. También se ha demostrado que una mayor ingesta de frutas y verduras tiene un efecto beneficioso sobre la función cardiovascular y sobre la diabetes.

Carlström y compañía buscan beneficiar al 25% de la población mundial que convive con hígado graso y que también tienen como factores de riego el sobrepeso y el abuso en el consumo de alcohol.

“Cuando hay kilos de más y falta de actividad física, las calorías que uno ingiere en exceso se depositan en forma de grasa en distintos lugares del cuerpo, como si fuera una reserva energética. Y el hígado es uno de ellos”.

A medida que pasa el tiempo -y se sigue acumulando la grasa-, se produce una inflamación del hígado, lo que genera cicatrices que pueden derivar en una cirrosis. Y, eventualmente, esto puede llevar a la necesidad de un trasplante. De hecho, al igual que en Estados Unidos, esta es hoy la principal causa de trasplante hepático en el país.

Evitar que todo esto ocurra requiere de simples cambios de hábitos, advierten los expertos. Modificaciones a nivel nutricional y ejercicio dos o tres veces por semana, son suficientes en la mayoría de los casos. Medicamentos para controlar la resistencia a la insulina también aportan en algunos pacientes.