El potencial de dapagliflozina en pacientes hospitalizados con COVID-19

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El estudio DARE-19, que evaluó la eficacia y seguridad de este fármaco para pacientes COVID-19, mostró resultados "valiosos"

DARE-19 (Dapagliflozin in Patients Hospitalized With COVID-19) es el primer ensayo que evaluó la eficacia y seguridad de dapagliflozina (Forxiga, AstraZeneca) en pacientes hospitalizados con COVID-19 que tienen riesgo de desarrollar complicaciones graves.

Este fármaco está indicado para el tratamiento de insuficiencia cardiaca crónica sintomática con fracción de eyección reducida (IC-FEr). Diversos estudios preclínicos y mecanísticos han demostrado la capacidad de dapagliflozina para mejorar la función endotelial, disminuir el estado inflamatorio y conseguir protección frente a la hipoxia tisular. Por tanto, “podría ejercer efectos beneficiosos en escenarios clínicos más allá de las enfermedades crónicas como la diabetes mellitus tipo 2 o las enfermedades cardiovasculares y renales”, señala el doctor Pedro Mezquita-Raya, especialista en endocrinología, a Gaceta Médica.

“Actualmente, el conjunto de evidencias ha puesto de manifiesto que la infección por COVID-19 sobrepasa a las manifestaciones respiratorias, pasando a ser considerada como una enfermedad sistémica, en la que las complicaciones cardio-reno-vasculares son frecuentes y pueden determinar su pronóstico”, asegura el doctor. De ahí que se haya estudiado cómo puede ayudar dapagliflozina en la lucha contra el coronavirus.

Unos resultados “valiosos”

Mikhail N.Kosiborod, cardiólogo e investigador principal del ensayo, señaló que DARE-19 proporcionó datos importantes sobre los posibles beneficios y riesgos de utilizando inhibidores de SGLT2 para tratar a pacientes hospitalizados con COVID-19. “Si bien el ensayo no alcanzó significación estadística, los hallazgos son muy interesantes y valiosos e informarán la ciencia clínica futura. Y, lo más importante, aprendimos que el perfil de seguridad bien establecido de dapagliflozina era consistente”, añadió.

Cuando comenzó la pandemia, surgieron dudas sobre el uso de las terapias antidiabéticas no insulínicas en pacientes que tenían COVID-19. Sin embargo, como apuntó el investigador, el estudio DARE-19 de fase III demostró que el perfil de seguridad de dapagliflozina es adecuado durante la hospitalización por infección por COVID-19.

Los pacientes tratados con este fármaco presentaron un menor número de resultados adversos que los tratados con placebo, incluyendo la insuficiencia renal aguda y la cetoacidosis (complicación grave por diabetes). “Estos resultados confirman que es un fármaco seguro en este contexto, por lo no debe suspenderse su administración en pacientes monitorizados“, asegura Pedro Mezquita. No obstante, el experto considera que hay que continuar realizando estudios más amplios para confirmar estos datos.

Pacientes con diabetes y comorbilidades

“Los estudios epidemiológicos muestran que las personas que sufren diabetes mellitus y sus comorbilidades, como la obesidad, enfermedades cardiovasculares y enfermedad renal crónica, presentan un incremento del riesgo de complicaciones de la infección por COVID-19″, indica el doctor Mezquita. Dichas complicaciones abarcan desde la hospitalización o la necesidad de precisar de cuidados intensivos, hasta una mayor tasa de mortalidad.

Estos datos se conocieron en las fases iniciales de la crisis sanitaria, por lo que se informó a estos pacientes, al igual que a la población general, de que corrían el riesgo de sufrir una infección potencialmente mortal. Además, las personas con diabetes mellitus son sujetos vulnerables a sus consecuencias, por lo que tuvieron que potenciar la única medida eficaz entonces: minimizar el contacto con personas fuera de su hogar.

“En la práctica clínica, pude comprobar cómo estas noticias causaron a estos pacientes temor, ansiedad y depresión, agravadas por la separación de su entorno familiar”, cuenta Mezquita. Y es que la situación de estas personas ha sido especialmente desfavorable, tanto por la posibilidad de una peor progresión clínica en caso de sufrir una infección por COVID-19 como por los efectos emocionales y psicológicos de la pandemia, que han sido intensos y duraderos.

Fuente: gacetamedica.com

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