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2018-09-22

¿Quieres verte más joven? Ejercita tu rostro

Los ejercicios faciales pueden reducir de manera significativa algunos de los signos del envejecimiento, de acuerdo con un interesante estudio reciente de los efectos que tiene en la apariencia de las personas el repetir ciertos movimientos específicos y expresivos.

El estudio, publicado en JAMA Dermatology, encontró que las mujeres de mediana edad se veían aproximadamente tres años más jóvenes después de unos cuantos meses de ejercitarse, lo que tal vez ofrece un nuevo fundamento sensato para hacer caras a espaldas de nuestros cónyuges.

Como todos lamentablemente sabemos, el rostro humano cambia con la edad. Comienza a acumular las marcas y las arrugas que denotan muchos años o profundización del carácter —dependiendo de tu perspectiva— y también empieza, casi invariablemente, a perder firmeza.

Esta falta de firmeza ocurre en gran medida porque las almohadillas grasas que están por debajo de la piel de nuestro rostro se adelgazan con la edad. Cuando somos jóvenes, estas almohadillas embonan entre sí, como piezas de Lego, proporcionando gran parte de la estructura del contorno de nuestro rostro. Sin embargo, conforme las almohadillas cambian con la edad, sus conexiones se aflojan y la gravedad hace su efecto, deja las mejillas huecas y el semblante, por lo general, caído.

En los últimos años, han surgido varios programas de ejercicio facial que afirman ser capaces de revertir muchos de estos efectos visuales del envejecimiento. Los programas, a menudo publicitados como “estiramiento facial sin intervención quirúrgica” por lo general han sido creados por hombres y mujeres autodidactas y su evidencia de efectos benéficos solo es anecdótica.

Sin embargo, se han hecho tan populares que recientemente llamaron la atención de un grupo de dermatólogos de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern en Chicago.

“Tomamos conciencia de que estaban todos estos programas comerciales —en los DVD, videos con ejercicios, incluso entrenadores personales— que afirman ser capaces de ayudar a la gente a ejercitar su rostro de manera que les brinde felicidad, salud y, quizá, lucir más jóvenes”, dice Murad Alam, vicepresidente de Dermatología en la Universidad Northwestern, quien dirigió el estudio.

“Pero no conocíamos ninguna prueba científica de que estos programas pudieran ser eficaces”, añade.

Así que él y sus colegas decidieron analizar la utilidad de los ejercicios faciales.

Comenzaron por ponerse en contacto con Gary Sikorski, de Providence, Rhode Island, quien desarrolló Happy Face Yoga, uno de los programas de ejercicio facial establecidos desde hace más tiempo. Sikorski sugirió usar un programa de 32 ejercicios faciales dirigidos a la mayoría de los músculos en el rostro y el cuello.

La premisa básica del ejercicio facial, dice Sikorski, es que proporciona una especie de entrenamiento de resistencia para los músculos faciales y, al igual que con cualquier tipo de entrenamiento para ganar fuerza, debería hacer esos músculos más fuertes y elongados, en teoría llenando el espacio que se vacía con la edad, con lo que las arrugas se reducen y los contornos faciales se redondean.

Con ese señuelo, para los científicos de la Universidad Northwestern fue fácil reclutar a veintisiete mujeres cuyas edades oscilaban entre los 40 y los 65 años que quisieran intentar el ejercicio facial. Incluyeron solo a mujeres porque estaba pensado como un pequeño estudio piloto, dice Alam, y mientras menos variables, mejor.

Se fotografió a todas las mujeres y luego se encontraron con Sikorski para sesiones personales de noventa minutos, durante los cuales les enseñó los 32 ejercicios. Algunos son elaborados e incluyen usar los dedos para hacer una ligera resistencia mientras una sonríe, frunce los labios o manipula de otras maneras los músculos de las mejillas, la frente o el cuello.

La sesión completa tomaba treinta minutos.

Se pidió a las mujeres que practicaran los ejercicios todos los días en casa durante ocho semanas. Luego les sacaron nuevas fotos y les pidieron que continuaran con la rutina completa cada tercer día durante otras doce semanas.

A lo largo de las veinte semanas, once de las participantes abandonaron el estudio, así que solo dieciséis terminaron el programa completo.

Los investigadores les mostraron las fotografías de estas mujeres a dermatólogos que no las conocían y les pidieron que calificaran la apariencia de distintos rasgos faciales en una escala numérica estándar, así como que calcularan la edad de las mujeres.

También les preguntaron a ellas qué tan satisfechas se sentían al final del estudio con la apariencia de varios de sus rasgos faciales. Las participantes se mostraron entusiasmadas y encontraron mejoras en casi todos sus rasgos faciales.

Los dermatólogos fueron más circunspectos. Notaron mejoras significativas en la redondez de las mejillas de las mujeres después de veinte semanas, pero un cambio muy poco notable en las demás partes de su rostro y cuello.

Sin embargo, también calcularon una menor edad a las mujeres después del programa de ejercicios. Las clasificaron, en promedio, como de 51 años en las fotografías al inicio del estudio, pero más cercanas a los 48 después de las veinte semanas de ejercicio facial.

“La mejoría de hecho fue mayor de lo que yo esperaba”, dijo Alam.

No obstante, este estudio obviamente fue pequeño, señala, además de que se realizó por un periodo corto y sin un grupo de control. Quizá lo más preocupante es que más de un tercio de las participantes lo abandonaron, lo que sugiere que el programa de ejercicios es pesado.

“Sería bueno hacer estudios de seguimiento para determinar cuáles ejercicios son los más benéficos”, dijo Alam, y luego sugirió que la gente se concentre solo en esa gimnasia facial (ni él ni sus colegas tienen relación financiera ni de ningún otro tipo con Happy Face Yoga, cuyo dueño y administrador es Sikorski).

Por ahora, es sensato considerar hacer contorsionismo con la cara y pinchártela si quieres verte más joven, dice.

Es una terapia “no tóxica, barata y autoadministrable”, dice, “y sospecho que sería difícil lastimarte”, añade, a menos que tu ego sufra por las risitas de quienes te vean haciendo los ejercicios.

Fuente: New York Times

Publicado en Tratamiento y cuidados

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