La linagliptina favorece la calidad de vida y adherencia al tratamiento en el paciente anciano frágil diabético

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En combinación con metformina, la SEMI ha desarrollado un algoritmo de abordaje y tratamiento de la diabetes mellitus diferenciando entre paciente anciano sano y paciente anciano frágil para un mejor control de la enfermedad

El inhibidor DPP4 llamado linagliptina es un tratamiento habitual en ancianos con diabetes mellitus tipo 2 (DM2) que ayuda a conseguir los objetivos particulares con cada uno de estos pacientes, ya que no todos ellos necesitarán el mismo abordaje. Cabe diferenciar para ello entre paciente anciano sano y paciente anciano frágil.

Este es uno de los principales puntos que se aborda en el podcast titulado "Combinación de linagliptina con metformina en el tratamiento de la diabetes y seguridad en el paciente anciano" de la serie ‘Al día en diabetes’. Un programa del Grupo de Trabajo de Diabetes, Obesidad y Nutrición de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), cuya acción ha sido desarrollada con el patrocinio de Boehringer Ingelheim.

En este cuarto audio participan María Dolores García de Lucas, médica internista en el Hospital Costa del Sol de Marbella (Málaga), y María Dolores López Carmona, médica internista en el Hospital Regional Universitario de Málaga.

Relación entre ancianidad y diabetes

Partiendo de que existen distintos tipos de ancianos y que no todos son iguales, la doctora García de Lucas destaca los dos objetivos de la OMS respecto a la ancianidad: "que sea saludable y que los sistemas de salud den cabida a las necesidades que tienen esas personas mayores".

Por su parte, la doctora López Carmona manifiesta la importancia de la detección de la fragilidad, diferenciando qué es un anciano sano y qué es un anciano con fragilidad: "la fragilidad corresponde solo a una etapa, de corta duración, que lo que supone es un aumento de riesgo, pasa de ser un paciente sano a uno con una alta carga de enfermedad y mucho riesgo de dependencia".

En este sentido, el motivo para determinar la fragilidad a través de diferentes test y observación y su relación con la diabetes se debe a que la prevalencia de ambas aumentará con la edad: "Se supone que el 7 por ciento de los pacientes de más de 65 años van a tener fragilidad. Este porcentaje va a incrementarse al 40 por ciento en el caso de mayores de 80 años. En este caso, fragilidad es igual a disminución de supervivencia", precisa la doctora López Carmona.

De esta manera, en principio, determinar quién es sano y quién no va a señalar quién tiene riesgo de desarrollar diabetes y el tipo de tratamiento que habría que administrarle.

Objetivos de control de pacientes frágiles con DM2

En función de la valoración inicial del anciano, si presenta o no síndromes geriátricos, se adaptarán los objetivos. Se priorizarán la seguridad y la calidad de vida. "Lo primero que hay que plantearse en un anciano frágil es la seguridad en relación con la diabetes, poniéndole un tratamiento adecuado que nos lleve a los objetivos de control marcados para ese paciente específicamente, pero minimizando riesgos como una posible hipoglucemia", explica la doctora García de Lucas.

Por otro lado, la experta hace hincapié en evitar la sobrecarga del cuidador, que muchas veces no tiene relevo para atender a uno o más pacientes a su cargo.

Finalmente, la doctora recomienda revisar si los criterios de fragilidad se mantienen en el tiempo, si han sido algo transitorio o si se han agravado.

Ventajas de la linagliptina en el anciano frágil

Respecto al algoritmo de abordaje y tratamiento que ha desarrollado la SEMI para pacientes ancianos con diabetes, una vez identificado si el paciente es frágil o no, hay que valorar su situación cognitiva y de dependencia. En el caso de que estas características sean acusadas en el paciente, primará la calidad de vida de este y la elección de tratamiento serán la metformina, la linagliptina o incluso la insulina.

A partir de ahí, la doctora López Carmona indica que habría que evaluar otras cuestiones que podrían limitar los tratamientos, como el estado de la función renal o si existe una enfermedad cardiovascular, por ejemplo.

En cuanto al uso hospitalario y ambulatorio de linagliptina asociada a insulina, este recurso permite la disminución de la dosis insulina, así como el riesgo de hipoglucemias y una menor ganancia de peso. Además, apenas tiene efectos adversos, lo que favorece la adherencia terapéutica.

Por otro lado, en uso ambulatorio, la linagliptina asociada a metformina disminuye el valor de hemoglobina glicosilada y no aumenta el riesgo cardiovascular.

Estudio individual del paciente

En conclusión, la doctora García de Lucas resalta que, en el paciente anciano frágil, mayor de 75 años, con diabetes, el profesional debe tener en cuenta cuatro puntos:

  • La calidad de vida del paciente. Ver de manera individual si estará confortable con el tratamiento elegido y si los objetivos terapéuticos son razonables.
  • Revisar la fragilidad del paciente. Podría ser limitada en el tiempo.
  • La linagliptina proporciona seguridad porque minimiza que haya una hipoglucemia o hiperglucemia. Además, facilita el cuidado tanto del paciente como de los propios cuidadores, ya que se administra vía oral con un comprimido al día (o dos, si va asociada a metformina).
  • Evitar los sobretratamientos.

Fuente: elmedicointeractivo.com

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