Así nos afectan los empachos y excesos navideños

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El elevado contenido en grasas, azúcares y sal de las comidas de estas celebraciones hacen sufrir a nuestro organismo a distintos niveles. Conviene saber qué hacer tras 'tirar la casa por la ventana'

Afirman algunos historiadores que el célebre emperador germánico romano Maximiliano de Austria murió el 12 de enero de 1519 por una fuerte indigestión por comer melones.

Es muy probable que, algo más de 500 años después, ustedes también hayan comido y bebido en exceso estos días ya que las celebraciones que acabamos de pasar invitaban a ello. Y aunque a buen seguro su empacho no ha sido de melones precisamente, conviene saber cómo nos afectan estos excesos navideños y qué podemos hacer ahora.

Un día es un día

Ya, pero un día es Nochebuena, un día es la comida de empresa, un día es Navidad, un día es Nochevieja, un día es la cena con amigos, un día es Reyes... Y un día acaban siendo dos semanas.

Estómago e intestino. Los que más sufren

Dolor de estómago, hinchazón abdominal, pesadez, gases... Seguro que les suena, y es que son síntomas muy frecuentes después de un empacho navideño. Tienen su origen en la distensión excesiva del estómago para poder dar cabida a todos los alimentos ingeridos, sumado al efecto irritante que tiene el alcohol sobre las paredes que tapizan estómago e intestino, a los gases que generan los hidratos de carbono poco absorbibles de los dulces navideños y al retraso en el vaciado del estómago hacia el intestino que provocan los alimentos con un elevado contenido en grasas.

También hace su aparición el reflujo, el ardor o acidez: el estómago está tan lleno que necesita producir más ácido para hacer la digestión, hay más posibilidades de que rebose por lo lleno que está y se vacía más lentamente.

Como ven, su estómago y su intestino están deseando que terminen las fiestas.

Mayor riesgo para las personas con diabetes

Las comidas de Navidad tienden a alargarse durante horas, ingerimos más cantidad de alimentos, nos movemos menos y alteran nuestras rutinas de vida diaria. Todos estos factores pueden elevar nuestros niveles de azúcar en sangre y provocar una descompensación en las personas con diabetes, especialmente si no tienen un buen control sobre su enfermedad. Y no estoy haciendo referencia a los dulces navideños y su elevado contenido en azúcares e hidratos: aunque no los hayamos probado, simplemente con la copiosa comida navideña puede ser más que suficiente para provocarnos una repentina subida de azúcar con consecuencias a corto y largo plazo.

¿Puedo tener gota por comer mucho marisco en Navidad?

No, ni aunque fuese un día a un buffet libre de marisco, pero siempre que usted sea una persona sana, claro. Si se trata de una persona con problemas previos de niveles de ácido úrico elevados en sangre y se da un atracón, sí puede empeorar su cuadro gotoso. Aumentará la formación de microcristales de urea que provocarán dolor en sus articulaciones de los dedos, tobillos, codos o rodillas.

Pero ojo, no solo el marisco es rico en ácido úrico, también lo son las carnes rojas, los embutidos, la caza...

Los niños también los sufren

Según algunos especialistas en salud bucodental, la mitad de las caries infantiles se producen en Navidad. Esto es debido a una relajación en los hábitos de higiene originada por las fiestas, y a que los niños ingieren más cantidad de dulces y beben más bebidas azucaradas. Todo ello es la mezcla perfecta para que los problemas dentales aumenten.

Mayor riesgo cardiovascular

El exceso de grasas en los alimentos que consumimos en estas celebraciones, sumado al exceso de sal en mariscos, carnes o pescados y al exceso de azúcares de los postres elevan el riesgo de padecer un problema cardiovascular especialmente en personas que tienen más factores de riesgo asociados.

¿Se pueden compensar los excesos de Navidad?

Hay personas que, por ejemplo, durante todo el día de Nochebuena apenas comen para compensar lo que van a cenar ese día... Pues lamento decirles que eso no sirve para nada, no compensa nada, sino que hace que lleguemos a la cena con mucha más hambre.

Lo mismo sucede al revés, es decir, hay gente que no come al día siguiente tras el exceso de la noche. Hagámosle caso a nuestro sistema digestivo y, si tras una copiosa cena no nos apetece nada más que algo ligero, no lo forcemos. Aunque lo ideal sería no ingerir alimentos en exceso en ninguna de las comidas para luego no tener que saltarnos la siguiente.

Fuente: elmundo.es

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