El milagro del aguamiel: una alternativa contra la diabetes

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Su consumo podría ayudar a controlar los niveles de azúcar, pero la producción es limitada

En el ejido Las Mangas, rumbo a la carretera a Zacatecas, los campesinos se ganan la vida con la venta de aguamiel.

A sus 77 años, don Isidro Cavazos Noriega recorre a diario la magueyada para elegir las plantas que ese día le ofrecerán el aguamiel que brota de su centro.

Este trabajo lo realiza desde hace 53 años. Sus clientes son de Saltillo y Monterrey. A la capital regia llevaba 300 o 350 litros de aguamiel cada semana, pero ahora solo surte los pedidos de dos reconocidas panaderías de Saltillo que lo requiere para elaborar pan de pulque.

Él conoce la planta. Sabe que la consistencia y sabor varía según la hora del día en que extrae el líquido cristalino, que puede saber dulce o agridulce.

No es fácil su labor. Si el cliente quiere miel, debe extraer 20 litros de aguamiel, hervirlos varias veces hasta obtener la consistencia de la miel espesa. Al final, solo saldrán dos litros.

Para sobrevivir con esta actividad debe plantar maguey continuamente y esperar 6 o 7 años a que crezca, madure y esté listo para producir.

Una planta solo produce 100 litros de aguamiel, en promedio, a lo largo de tres meses, luego se empieza a secar y muere.

“Por eso tenemos la costumbre de ir plantando y como quiera las dependencias nos han alivianado, nos dan programas de plantación de maguey, lo planta uno y lo va dejando por determinado tiempo”, explica.

Más allá de surtir 160 litros de aguamiel para las panaderías cada ocho días y otros pedidos a particulares, sabe que las personas lo toman para contrarrestar la diabetes.

También sabe que los investigadores de la Facultad de Ciencias Químicas, de la UAdeC, investigan sus beneficios en la salud de las personas. Él no tiene diabetes, sin embargo, acostumbra tomar aguamiel tan pronto como lo extrae de la planta.

Si una persona come el bagazo, el residuo que queda al raspar el tallo o piña, de la que salen las pencas, para extraer aguamiel, la savia que contiene el cogollo de las plantas, pensará que está comiendo jícama por su consistencia y sabor similar.

“Según ellos, allá en Ciencias Químicas, le dieron (bagazo) a los ratoncillos que tienen en laboratorio para hacer esa investigación y en determinado tiempo les bajó le azúcar, o sea, no la quita, pero la tiene controlada. El aguamiel y el bagacito que saca uno del maguey, ellos se los dan a comer, pero les controla el azúcar”.

“El maguey, nomás sabiéndolo utilizar, tiene muchas cosas productivas para uno del campo… yo me la tomo cruda y cocida con más ganas, cuando vengo a sacar aquí, me la tomo cruda del maguey”, dice.

Aclara que algunas personas diabéticas le tienen desconfianza al aguamiel porque les sabe dulce, “pero según las investigaciones que han hecho es muy benéfica para eso, para controlar el azúcar”.

La penca tiene otro beneficio, explica, se le quita una especie de “pellejito” exterior y con ella envuelven la carne, barbacoa y el pollo y adquieren mejor sabor, mientras que la flor del quiote la comen, igual que la flor de palma

Don Isidro tiene su vida en los productos del maguey, con eso gana el sustento diario, por eso no descuida sus 14 hectáreas y las 4 mil plantas de maguey que hay en ellas.

Proyecto a medias que requiere apoyo

En San Francisco del Ejido, a unos cuantos kilómetros de Las Mangas, se encuentra la Planta de Aguamiel, un proyecto a medias por falta de apoyo gubernamental.

Hace 4 años, la Comisión Nacional de Zonas Áridas apoyó la construcción y parte del equipamiento con inversión de 4 millones de pesos, pero faltan 2 millones, aproximadamente, para echarla a andar y elaborar jarabe de aguamiel, vender aguamiel y destilado de pulque.

Cuando los campesinos solicitaron más recursos para concluir el proyecto, los funcionarios les respondieron que “la echaran a andar” para obtener ganancias y comprar el equipo faltante.

“Este es un proyecto que el Gobierno nos aprobó, nos apoyaron, pero no quieren ver aquí el apoyo parado, quieren que sigamos con lo del aguamiel, el pulque, lo que es el jarabe de aguamiel, pero falta apoyo, recurso, para que le echemos ganas para trabajar”, señaló Paz Sandoval Tovar, ejidatario

Los 4 millones de pesos se invirtieron en la bodega, tanques, dos picadoras de maguey y un remolque, pero faltan dos tanques de almacenamiento de mil litros cada uno de acero inoxidable, bodega y almacén para producto terminado e insumos, refrigeradores, depósito de agua, conectarse a la línea de electricidad para que funcionen los equipos y un camión de cinco toneladas para transportar la materia prima.

“No estamos trabajando al 100%, no tenemos más recurso. El delegado de Conaza nos dijo ‘ustedes tienen que echarle a lo demás, con el tiempo se les va a seguir apoyando para que le echen más ganas’”.

“Hemos metido solicitudes, apoyos, de hecho, han venido de las dependencias y nos dicen que sí va a haber apoyo para que los compañeros trabajen aquí mismo”, finaliza.

Cambia su vida: su vista se recupera poco a poco

Doña Fidela López, de 75 años, padece diabetes desde hace 15 años, ya estuvo hospitalizada varias ocasiones por descompensación de la azúcar. Su estado se agravó, empezó a perder la vista hace dos años, solo percibía sombras y ya no podía caminar, se la pasaba en cama, cansada, decaída.

Ahora, su estado de salud es muy diferente. Ya se levanta de la cama, camina, tiene ánimos para platicar y puede ver a las personas.

La azúcar le afectó el ánimo y la salud. Recuerda que la glucosa le bajaba mucho y en cuatro ocasiones la hospitalizaron. Los doctores le recetaban pastillas, pero no le hacían efecto; luego le recetaron insulina y su condición física no mejoró.

Cuando le checaban la azúcar, registraba más de 300 de manera frecuente. La última ocasión la ambulancia acudió por ella para llevarla al hospital y ella no se daba cuenta de nada, temblaba.

Así, desde agosto le empezaron a dar aguamiel y poco a poco empezó a mejorar, a tal grado que hace dos meses dejó las pastillas y la insulina que le aplicaban por la mañana y noche.

“Me ponían insulina aquí en los brazos, me dolían mucho, y no, ya me la quitaron. Me tomo el aguamiel, cuando ellos (su familia) traen, me la tomo, me hago mis atolitos con la miel y me siento muy bien”.

Su vista mejoró. Con el ojo izquierdo no veía nada y con el derecho percibía siluetas.

“Un poquito miré ya más bien, porque lo tenía blanco de a tiro, ya no lo tengo igual, ya veo más bien, los distingo más bien, porque no miraba nada… me siento bien gracias a Dios, yo no me siento que estoy mala, porque ni me mareo ni nada, yo me pongo a tejer, a hacer mis costuras, nomás lo que no puedo es caminar muy bien, porque como que no tengo fuerzas”, dice.

Fuente: zocalo.com.mx

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