Consumo de grasas trans, un peligro para la salud

Es un hecho conocido por todos que las grasas no animales son inofensivas y pueden formar parte de nuestra dieta sin representar problema alguno. No obstante, tal virtud desaparece cuando la industria de los alimentos las somete a proceso llamado de hidrogenación, mediante el cual se les incorpora el elemento hidrógeno con el fin de prolongar su vida útil y potenciar su sabor.

Así, fue como los productores convirtieron aceites líquidos en grasas sólidas, como manteca y margarina, a las cuales se les denominó trans (de transformación). En la década de 1970 se les consideró una opción saludable, y en ese entonces nadie imaginó que algunas décadas después se descubriría que son perjudiciales para la salud.

De acuerdo con información de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), la ingesta de este tipo de lípidos es preocupante porque actúa como las grasas saturadas, es decir, eleva los niveles de colesterol malo, lo que incrementa el riesgo de desarrollar enfermedades cardiacas.

Trans: ¿dónde se encuentran?
De acuerdo con la Cofepris, las principales fuentes de grasas trans presentes en los alimentos son las tres siguientes:
-Se encuentran en pequeñas cantidades en la carne y productos lácteos enteros de animales rumiantes, como vacas y ovejas; se generan a causa de la acción de ciertas bacterias contenidas en sus estómagos. Sin embargo, esta situación no es la que preocupa a los especialistas.

-Se obtienen mediante calentamiento y cocción de aceites a altas temperaturas.

-Son producidas mediante un proceso de hidrogenación industrial o solidificación de aceites para su uso en pastas para untar y grasas para pastelería.

Este último procedimiento tiene la finalidad de lograr la obtención de grasas vegetales sólidas que dan frescura y mejor textura a los alimentos industrializados. Adicionalmente, permite que las grasas no se tornen rancias y con ello se incrementa la estabilidad del sabor y fecha de caducidad de tales productos, como manteca vegetal, margarina, pan, botanas, pasteles, galletas, dulces y aderezos para ensaladas. También se utilizan en la preparación de comida rápida, como hamburguesas, hot dogs o pollo frito.

Evidencias
Todo parecía perfecto, pues al fin se había encontrado un producto de origen vegetal capaz de dar otro sabor, apariencia y textura a los alimentos. No obstante, en junio de 2001 la Administración de Medicinas y Alimentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) informó que existía un posible riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares por consumir productos con alto contenido en grasas trans o parcialmente hidrogenadas.

Al respecto, la doctora Josefina Morales de León, jefa del departamento de Ciencia y Tecnología de Alimentos del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán”, ha comentado que en la década de 1980 se consideraba más saludable el consumo de margarina y manteca vegetal que de mantequilla y manteca de origen animal.

“Fue hasta la siguiente década que una gran cantidad de estudios reveló que tanto las grasas saturadas como las trans incrementan las concentraciones de colesterol ‘malo’ y reducen los niveles del ‘bueno’; en consecuencia, aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiacas”, indica la especialista.

A su vez, el catedrático de Salud Pública de la Universidad de Harvard, Walter Willett, ha publicado un estudio en el New England Journal of Medicine. Tras un seguimiento exhaustivo de las dietas de 80,082 enfermos, así como de sus índices de ingestión de grasas vegetales hidrogenadas, llegó a la conclusión que quienes las consumieron en mayores cantidades tienen el doble de probabilidades de sufrir un infarto al miocardio.

Estudios realizados por el Centro Médico Nacional La Raza del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), confirman que el consumo de grasas trans influye de manera determinante en la cantidad de muertes por enfermedades cardiovasculares, ya que este tipo de lípido aumenta los niveles de colesterol malo, el cual se aloja dentro de la cubierta de la arteria (endotelio).

Consejos saludables
Debido a que en México todavía no existe una normatividad sobre el uso de las grasas trans, la doctora Morales de León aconseja lo siguiente:
-Leer las etiquetas de información nutrimental cuando haga sus compras para verificar si contiene dichas grasas y en qué cantidad.

-Toma en cuenta que hay grasas alternativas, como los aceites poliinstaurados y monoinsaturados, que no elevan los niveles de colesterol “malo”.

-Los aceites de oliva y canola son fuentes de grasas monoinsaturadas, consúmelos también con moderación, por su alto contenido calórico.

-Los aceites de soya, maíz, girasol, nueces y pescados aportan grasas poliinsaturadas; puede consumirlos tomando en cuenta su contenido calórico.

-Salvo los de coco y palma, los aceites vegetales contienen menos grasas saturadas, trans y colesterol que la manteca vegetal, margarinas sólidas y lípidos de origen animal.

No olvides que el alto consumo de grasas trans y saturadas (de origen animal), una vida sedentaria y el sobrepeso, así como el no incluir frutas y verduras en la alimentación diaria, se han constituido como los grandes problemas para la salud cardiovascular, que es una de las principales causas de muerte en México y en el mundo. Está en tus manos tener una vida más saludable.

Redacción

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