Así causan las bacterias de nuestro cuerpo la diabetes o los partos prematuros

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Durante siglos, los investigadores han estado buscando formas de acabar con las bacterias, pero ahora algunos científicos creen que enfoques más sutiles pueden ser más efectivos. Proyectos como el Microbioma Humano integrante abren el camino para nuevas técnicas de diagnóstico y tratamiento de precisión.

El descubrimiento en el s.XIX de que ciertas bacterias eran las responsables de graves enfermedades -como el cólera, la tuberculosis o la difteria- marcó la visión de la medicina moderna sobre estos organismos, a los que se consideró desde entonces como enemigos a combatir. Pero la relación entre microbios y salud es, en realidad, mucho más complicada; en el cuerpo humano viven billones de bacterias, la mayoría benignas, algunas incluso beneficiosas. Se cree que cada persona tiene una configuración única de cepas microbianas que se adquieren en los primeros años de vida y que difieren de un ambiente a otro y entre poblaciones diferentes.

A medida que avanza el s.XXI, los primeros estudios centrados en esos microbios que viven en nuestro cuerpo (la microbiota) y de sus genomas (el microbioma) están atrayendo cada vez más atención, en un intento por entender el papel que juegan estos organismos durante las enfermedades. Este miércoles, Nature y Nature Medicine publican una batería de estudios sobre el tema, enmarcados en el Proyecto de Microbioma Humano integrante (iHMP), un vasto programa desarrollado por el MIT y la Universidad de Harvard y destinado a crear una gran base de datos sobre el microbioma y su relación con diferentes patologías. En este caso, los investigadores se han centrado en su evolución en pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal (EEI) y prediabetes, además de su impacto en nacimientos prematuros.

Los autores creen que este trabajo ayudará a entender mejor la asociación entre los microorganismos y sus huéspedes, lo que abre la puerta a identificar mejor esas afecciones y aplicar nuevo tipo de medicina de precisión, un enfoque que tenga en cuenta las características genéticas y ambientales únicas de cada persona. "Dada la estrecha relación del microbioma con nuestra salud y bienestar, nuestros resultados nos dan algunas claves sobre cómo evitar los problemas que surgen cuando esa relación va mal y cómo podemos ser mejores administradores de estos compañeros de vida", afirma Jason Lloyd-Price, investigador en Harvard y primer autor del artículo de Nature sobre EEI.

Lactobacillus asociado con partos prematuros

El artículo publicado en Nature Medicine describe la influencia del microbioma vaginal en el riesgo de parto prematuro, un problema que afecta al 10% de embarazos en todo el mundo y que va asociado a un aumento del riesgo de complicaciones en los primeros años de vida. "Aunque las tasas de mortalidad neonatal han disminuido drásticamente en todo el mundo, nuestra capacidad para calcular el riesgo de parto prematuro no ha mejorado y a menudo ocurre en mujeres que no fueron identificadas como de alto riesgo", señala Gregory Buck, director del Centro para el Estudio de la Complejidad Biológica en la Universidad de Virginia y coautor del texto.

Las mujeres que dieron a luz antes de la 37ª semana presentaban niveles más bajos de algunas especies de Lactobacillus, mientras que la presencia de otras, como prevotella o Sneathia amnii, van en aumento. "Estos resultados aún tienen que ser replicados en estudios más grandes, pero somos optimistas de cara a que, en el futuro, puedan llevar al desarrollo de nuevas pruebas para evaluar el riesgo de parto prematuro", afirma la doctora Jennifer M. Fettweis, profesora en el departamento de Microbiología e Inmunología y Obstetricia del mismo centro y primera autora. "El objetivo es ser capaces de analizar el microbioma vaginal a principios del embarazo, o incluso antes, para evaluar mejor el riesgo de complicaciones, estratificar a las pacientes en grupos de tratamiento y predecir quiénes pueden responder bien a intervenciones particulares".

Durante el embarazo el sistema inmunológico materno mantiene un delicado equilibrio y se cree que la ascensión microbiana desde el útero puede precipitar el parto al alterarlo, provocando la liberación de ciertas enzimas (por ejemplo, colagenasas o proteasas) o de toxinas que comprometen la integridad de las membranas fetales. Así, los factores ambientales, incluido el microbioma vaginal, se perfilan como un factor clave en la prematuridad, particularmente en mujeres que tienen ascendencia africana o hispana. "Las tasas de nacimientos prematuros difieren drásticamente entre diferentes poblaciones globales y sabemos que el desequilibrio en la flora vaginal, o vaginosis bacteriana, está muy relacionado con ese riesgo", explica Fettweis.

Microbiota intestinal

El primero de los dos estudios aparecidos en Nature arroja nueva luz sobre las relaciones entre microbios y sus huéspedes humanos en la Enfermedad inflamatoria intestinal (EII), una enfermedad crónica que se caracteriza por períodos de remisión seguidos de brotes en los que la enfermedad se vuelve activa. El artículo proporciona la visión más detallada hasta ahora del microbioma de las personas con EII (más de 3,5 millones en todo el mundo), tanto en fase activa como latente. Así han sido capaces de aislar ciertos cambios químicos y moleculares que modifican el equilibrio intestinal y desencadenan respuestas inmunitarias durante los brotes en dolencias como la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa.

Los investigadores esperan que estos hallazgos proporcionen nuevos parámetros para mejorar los tratamientos existentes, en particular aquellos que apuntan a los ácidos grasos poliinsaturados, los derivados de los ácidos biliares y los enfoques que buscan estimular las respuestas inmunitarias. "Nuestros resultados allanan el camino para la detección temprana de los próximas picos de la actividad de la enfermedad o para nuevas oportunidades terapéuticas bioquímicas que fomenten la remisión completa de la EII", afirmó Curtis Huttenhower, profesor de biología computacional y bioinformática en Harvard y coautor del estudio.

Fuente: ElMundo.es

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