El consumo de azúcar elevaría el riesgo de padecer depresión

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Científicos estadounidenses establecieron una relación entre el consumo de alimentos azucarados y un mayor riesgo de sufrir depresión, considerada la principal causa de discapacidad en el mundo.

Un equipo liderado por James E. Gangwisch, profesor asistente de la Universidad de Columbia, quiso determinar si los alimentos con un alto índice glucémico -una escala que clasifica las comidas que contienen carbohidratos según su impacto en el aumento del nivel de azúcar en la sangre- se asocia con una mayor probabilidad de este trastorno mental.

"Cuando era niño, era casi un adicto a los dulces", comentó Gangwisch a la revista Time. "Me di cuenta de que si comía mucho azúcar, me sentía bajoneado hasta el día siguiente", agregó el científico, quien es académico del Departamento de Siquiatría del plantel estadounidense.

Aunque dejó de consumir azúcar añadida hace algunos años, el investigador mantuvo la curiosidad sobre si la comida rápida puede causar depresión.

Por ello, su equipo analizó datos desprendidos de encuestas sobre alimentación y una escala que mide los síntomas de los desórdenes depresivos que afectan a mujeres posmenopáusicas. La información fue obtenida del Women's Health Initiative Observational Study, una investigación elaborada durante 15 años en EU.

Estos datos abarcaron a cerca de 70 mil mujeres, ninguna de las cuales sufría depresión al inicio del estudio.

Elementos buenos y malos

Según recogió el citado medio estadounidense, los científicos hallaron que una dieta alta en índice glucémico, incluyendo aquellas que son ricas en granos refinados y azúcar añadida, se asoció a un mayor riesgo de depresión.

Sin embargo, también descubrieron que algunos elementos de la dieta tenían un efecto protector contra el desarrollo de esta enfermedad, entre ellos la fibra, los granos enteros, las frutas enteras, las verduras y la lactosa, un azúcar que incluyen algunos productos lácteos y la leche que es baja en índice glucémico.

Los azúcares añadidos -pero no todos los azúcares ni tampoco todos los carbohidratos- mostraron una relación con la depresión.

Si bien los autores no fueron capaces de determinar el mecanismo en que se basa esta asociación, observaron que una posibilidad es que el consumo excesivo de azúcar y almidones refinados es un factor de riesgo para la inflamación y enfermedades cardiovasculares, dos tipos de padecimientos que han sido vinculados con el desarrollo de depresión. Una dieta como ésta también podría causar resistencia a la insulina, que ha sido relacionada con déficits cognitivos similares a los encontrados en personas con depresión agravada.

En opinión de Gangwisch, se requiere seguir investigando para ratificar esta asociación y advirtió que se desconoce si estos resultados se pueden trasladar a un grupo más grande de personas, entre ellos hombres y mujeres jóvenes.

De todas formas, los científicos señalaron que la dieta debe ser un tema de discusión con las personas que sufren depresión, aunque reconoció la complejidad de este tema. "Es difícil conseguir que la población en general evite este tipo de alimentos, pero es incluso más difícil lograr que alguien que padece depresión evite estos alimentos y los deje", indicó.

"Tampoco quieres hacer sentir culpable a la gente", dijo, pero pidió hacer el esfuerzo. "Creo que (la dieta) es importante y creo que tiene un efecto relevante en tu estado de ánimo, en cómo te sientes y en tu nivel de energía", sostuvo. "Es algo que las personas pueden cambiar, de verdad saldrían beneficiadas", concluyó.

La depresión es una enfermedad frecuente en todo el mundo, y se calcula que afecta a 350 millones de personas. Es un trastorno distinto de las variaciones habituales del estado de ánimo y de las respuestas emocionales breves a los problemas de la vida cotidiana. La OMS considera que puede convertirse en un problema de salud serio, especialmente cuando es de larga duración e intensidad moderada a grave. En el peor de los casos puede llevar al suicidio, que es la causa de alrededor de un millón de muertes al año.

Fuente: Mabel González / mercuriodeantofagasta.cl

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