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Insulina, la hormona salvadora PDF Imprimir E-mail
Viernes, 22 de Noviembre de 2013 11:00

La diabetes mellitus o sacarina es una de las enfermedades más antiguas y documentadas en la historia de la Medicina. Su nombre hace referencia en griego clásico a la presencia de glucosa en orina (diabetes- «correr a través» y mellitus - «sabor a miel de la orina»).

 

Hay dos tipos principales de diabetes. El tipo I, que se manifiesta en menores de 30 años cuando se producen auto-anticuerpos contra las células beta de los islotes pancreáticos de Langerhans, con disminución en la secreción de insulina. Y el tipo II, o de la madurez, afecta al 95 por ciento de todos los diabéticos, que se asocia con cierta frecuencia a la obesidad y en la que hay una alteración en los receptores celulares de la insulina. El primer tipo se trata con insulina y el segundo, en su gran mayoría, con hipoglucemiantes orales, que aumentan la afinidad de la insulina por sus receptores.

En 1889 comenzaron los experimentos de Von Mering y Minkovski sobre la extirpación del páncreas en perros con la producción de diabetes y en 1909 se utilizó por primera vez el término «insulina» (por el belga Jean de Meyer) para hacer referencia a una sustancia que producen las células beta de los islotes de Langerhans del páncreas. Su nombre viene de «insula» («isla», en latín). Después vinieron los trabajos del rumano Nicolas Paulescu, el gran olvidado, que inyectó con éxito extractos pancreáticos a enfermos diabéticos.

Fue en 1921 cuando se logró aislar esa hormona pancreática por los canadienses Frederick Grant Banting y Charles Herbert Best, que trabajaban en el Instituto Fisiológico de Toronto a las órdenes de su director, John James Richard McLeod. El químico John Collip, trabajando con los anteriores, purificó los extractos del páncreas y comenzó de nuevo a utilizarlos en pacientes.

Premio Nobel

En 1923 se comercializó la primera insulina y se concedió el premio Nobel a Banting y MacLeod por este sensacional descubrimiento que permitía tratar con éxito a los enfermos diabéticos. Se olvidaron de Best porque era solo estudiante de Química cuando se produjo este hallazgo. Banting repartió el dinero del premio con Best y MacLeod lo hizo con Collip.

La insulina es una hormona constituida por 51 aminoácidos y tiene numerosas funciones, la mayoría dirigidas a que la glucosa sanguínea se mantenga por debajo de unos límites. Consigue este efecto al promover la introducción de glucosa en las células activando una sustancia que la transporta.

Desde hace muchos años se conocen tres tipos principales de insulina comercial según su modo de acción (es la misma insulina con adición de sustancias que alteran su farmacocinética, como la protamina y el cinc): las de acción rápida (administración subcutánea o endovenosa), acción intermedia y acción prolongada, estas últimas solo con administración subcutánea (en cartuchos o «plumas» para favorecer una dosificación correcta). La administración oral todavía no es posible porque la insulina se destruye en el estómago.

Todos los tipos se sintetizan por métodos de ingeniería genética desde 1978 gracias a la utilización de bacterias modificadas genéticamente.

Lo último

* Hace unos meses se publicó en la revista Nature un estudio sobre la naturaleza de la unión de la insulina a su receptor que puede favorecer la puesta en marcha de insulina oral.

* Estudios actuales con betatrofina (una hormona hepática) pretenden tratar la diabetes tipo I con una sola inyección semanal al inducir la proliferación de las células beta.

* También hay trabajos sobre trasplantes de células beta en el hígado del diabético de forma subcutánea y de conversión de células madre pancreáticas en productoras de insulina.

Fuente: A. Ordoñez Gallego / salud / abc.es

 


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