| Una dulce enemiga |
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En México, la mortalidad por diabetes ha mostrado un incremento sostenido durante las últimas décadas, y desde 1997 ocupa el tercer lugar general como causa de defunción, la cual registra hoy en día 49 mil 855 muertes anuales, lo que significa que fallecen cinco personas cada 60 minutos a causa de esta alteración en el organismo. La prevalencia de la diabetes entre los mexicanos de 20 a 69 años de edad es de 10.7 por ciento, y está directamente relacionada con la edad, sedentarismo y dieta rica en grasas. Otro hecho que agrava la situación es que uno de cada tres enfermos de diabetes ignora que la padece. Incluso, el Programa de Acción: Diabetes Mellitus, de la Secretaría de Salud (Ssa), calcula que 50 por ciento de los pacientes presenta retinopatía diez años después de diagnosticada la enfermedad, y 80 por ciento a los 20 años. Las secuelas de este trastorno lo colocan también como la causa más importante de amputación de miembros inferiores de origen no traumático y de otras complicaciones como insuficiencia renal, que desarrollan 35 por ciento de los afectados con diabetes tipo 1 en la segunda década de haber sido diagnosticados, y 15 por ciento de los enfermos con la tipo 2 luego de 10 años. De igual modo, los costos directos e indirectos de la diabetes para el país son de 330 y 100 millones de dólares anuales, respectivamente, y aumentan 3.5 veces por sus complicaciones vasculares. Del total de estos montos, entre dos y siete por ciento se destinan a la adquisición de hipoglucemiantes orales, pero la mayor parte se ocupa en cubrir gastos de hospitalización. Enfermedad multifactorial La denominada "dulce enfermedad" se debe a una incapacidad generalizada del organismo para aprovechar eficientemente su principal fuente de energía, la glucosa (azúcar) presente en la sangre. Para una óptima asimilación de glucosa obtenida de la ingesta de alimentos, deben cumplirse dos condiciones: que las células tengan un adecuado número de puertas con cerrojo llamadas receptores, y que exista un número suficiente de llaves (proteína insulina) que las abran para permitir el ingreso del azúcar. Empero, también existen dos maneras en las que se dificulta este proceso, que la insulina sea insuficiente (en el caso de los pacientes tipo 1) o que se carezca de un adecuado número de receptores (en los tipo 2). En ambos rubros, el aumento de glucosa en sangre altera el funcionamiento del cuerpo. En entrevista, el endocrinólogo Juan Díaz Salazar, profesor asociado del hospital Adolfo López Mateos del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), señala que entre los principales signos y síntomas (cuadro clínico) de la diabetes pueden ubicarse una abundante orina, excesivas hambre y sed, así como una marcada pérdida de peso. Agrega que un diagnóstico preciso debe realizarse únicamente mediante el cuadro clínico y se recomienda aplicar exámenes de escrutinio, sobre todo en personas con antecedentes familiares de diabetes. "Si dentro de las pruebas se observa que el paciente en ayunas registra 126 miligramos de glucosa en sangre en dos fechas distintas y sin clara evidencia del cuadro clínico, o manifiesta algún síntoma acentuado de la enfermedad con más de 200 miligramos de glucosa en sangre a cualquier hora del día y durante dos ocasiones, entonces se habla de que la persona padece diabetes", indica. Puesto que al ser diagnosticados los pacientes con diabetes presentan en 50 por ciento de los casos hipertensión y en 25 alteraciones de grasa en la sangre, la Asociación Americana de Diabetes (AAD) recomendó recientemente a los médicos vigilarla y controlarla desde el inicio con una triple terapia farmacológica basada en hipoglucemiantes (regulan la glucosa), antihipertensivos (reducen la presión arterial) y estatinas, que bajan los niveles de colesterol malo o LDL. De igual modo, sugirió que los pacientes deberán tener un seguimiento estricto del ABC de la diabetes. La A es por A1C (hemoglobina glucosilada), la cual indica que el porcentaje de azúcar pegada a los glóbulos rojos debe permanecer por debajo del siete por ciento; la B (blood, sangre en inglés) busca que la presión arterial siempre se reporte dentro de 80-130 milímetros de mercurio, y la letra C ayuda a que el colesterol malo se mantenga menor a 100 miligramos por decilitro de sangre. Aunque esta triple terapia parezca algo onerosa, el endocrinólogo Díaz Salazar aclara que es la vía más eficaz para tratar la diabetes si se considera que lo realmente caro es la atención de sus complicaciones tardías, como ataques cardíacos, cerebro-vasculares y problemas asociados al sistema vascular periférico (pérdida de visión, daño a los riñones o amputación de algún miembro). "Por ejemplo, en un paciente con diabetes que ha sufrido un infarto al miocardio, los costos de hospitalización se incrementan de dos a tres veces más en comparación con aquel que empleó desde el inicio la triple medicación (hipoglucemiante-hipertensivo-estatina) y modificó su estilo de vida", señala. Añade que al seguir la triple terapia el paciente disminuye en más de una tercera parte la probabilidad de mortalidad vascular-cardiaca, cerebro-vascular y vascular-periférica, por lo que de generalizarse esta práctica entre la población, se podría presentar una reducción significativa de los gastos directos e indirectos efectuados por el sector salud para atender las complicaciones de la enfermedad. Esta recomendación de la AAD tomó en cuenta diversos estudios internacionales (como el Losartan Intervention For Endpoint Reduction y el Heart Protection Study) sobre los beneficios terapéuticos que brindan la gran variedad de hipoglucemiantes, antihipertensivos y estatinas, medicamentos que al combinarse ofrecen un tratamiento integral. "Si bien se debe capacitar y mostrar al médico las ventajas de administrar la triple terapia a sus pacientes, serán estos últimos quienes deberán convencerse de las ventajas que brinda en el corto y largo plazo, no sólo en el aspecto económico, sino también en la calidad de vida", destaca el especialista.
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Por su naturaleza epidemiológica, la diabetes mellitus representa un grave problema de salud pública en el mundo. En 1985, la Organización Mundial de la Salud calculó que existían 30 millones de personas con diabetes. Diez años después (1995) la cifra creció a 135 millones, en la actualidad suman ya 150, y el organismo estima que para el año 2025 alcanzará los 300 millones, por lo que urge reforzar las estrategias en su detección y oportuno tratamiento.
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