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Diferentes tipos, un mismo resultado PDF Imprimir E-mail

Su inicio es lento y silencioso. Por lo general comienza a manifestarse en la etapa adulta, después de los 40 años, aunque algunas variantes suelen presentarse en la infancia o durante el embarazo. Si no se detecta a tiempo, sus primeras manifestaciones son por lo general drásticas, como alteración de la visión o daño renal, entre muchas otras. Se trata de la diabetes mellitus, uno de los principales problemas de salud en el mundo.

 

Este padecimiento, que se conoce desde la época de la Antigua Grecia, actualmente se subdivide en tres principales grupos: la diabetes Tipo 1, que se debe a la incapacidad del páncreas de segregar la cantidad de insulina suficiente para reducir los niveles de glucosa en la sangre.

En el caso de la diabetes Tipo 2, el órgano segrega insulina de insuficiente calidad, por lo que tejidos como el músculo esquelético, el adiposo o el hígado, no responden su acción. Y un tercer tipo, aunque menos común, es la diabetes gestacional, la cual aparece durante el periodo del embarazo.

El sedentarismo, la predisposición genética, la obesidad y el consumo cada vez mayor de alimentos con alto contenido de grasa y azúcar, son las principales causas para que este problema se extienda a gran velocidad por todo el mundo, dado que estimaciones de la Organización Mundial de la Salud prevén que la diabetes podría incrementar su prevalencia en todo el orbe en un 35 por ciento en los próximos 15 años.

Lo más preocupante es que de los 350 millones de diabéticos, de esos tres tipos, que se prevé existan en el mundo en 2025, el 80 por ciento vivirá en países de ingresos bajos o medios, en muchos de los cuales hay relativo o nulo acceso a tratamientos que puedan prevenir discapacidades o salvar vidas, indicó  Rosa María Aguilar Tlapale, presidenta de la Asociación Nacional Mexicana de Educadores en Diabetes.

Frente a ese escenario nada alentador, los especialistas recomiendan cambiar el estilo de vida, tener hábitos de vida más saludables, realizar constantemente ejercicio y realizarse chequeos periódicos de los niveles de glucosa en la sangre, para que en caso de presentar la enfermedad, se pueda mantener controlado al paciente en etapas tempranas de desarrollo.

Para mantener un adecuado nivel de glucosa en la sangre, los médicos se valen de un gran arsenal de herramientas, aunque dos resultan esenciales para verificar ese control: los glucómetros, que son los aparatos mediante el cual se mide la glucosa, y la bomba de insulina, que manda la cantidad necesaria de esa sustancia al hígado, músculo y tejido adiposo para alimentar al sistema nervioso, y que es utilizada principalmente en pacientes Tipo 1, que en su mayoría se trata de jóvenes.

En ese sentido, Eliana Cejudo Carranza, médico internista del Hospital Ángeles del Pedregal, resaltó que la vigilancia constante de los niveles de azúcar en la sangre contribuye a que los pacientes con diabetes tengan un mayor apego y control de la enfermedad, debido a que esta acción permite conocer con precisión e inmediatamente la respuesta del organismo a la dieta, ejercicio, fármacos y demás acciones encaminadas a mantener los niveles de azúcar en nivel adecuado.

De acuerdo a la especialista, los nuevos glucómetros en el mercado han posibilitado que un proceso que antes requería mucha paciencia, ahora pueda ser parte del apego al tratamiento en los pacientes diabéticos, dado que son aparatos que están libres de calibración, disponen de lectura rápida, con una confiabilidad superior al 95 por ciento y requieren menos de la mitad de sangre para hacer la medición, en comparación con los dispositivos de hace unos cinco años.

En cuanto a los medicamentos empleados en la batalla contra la diabetes, Rutila Castañeda Limones, jefa de la Unidad de Investigación de Epidemiología Clínica del Hospital Gabriel Mancera del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), indicó que cada uno de ellos está dirigido a cubrir diferentes flancos. “Unos ayudan a disminuir la presencia de glucosa en sangre, otros aumentan la secreción de insulina y algunos más reducen la resistencia del organismo a dicha sustancia o interfieren en los procesos hepáticos.

Esto último, desde el punto de vista de la investigadora del IMSS, resulta esencial dado que diversos estudios han demostrado que un tratamiento adecuado en un diabético podrían reducir hasta el 50 por ciento los casos de neuropatía diabética, la cual altera diferentes procesos celulares que dañan temporal o permanentemente el tejido nervioso en los miembros superiores e inferiores.


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