| Distintas edades, diferentes dispositivos |
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| Jueves, 31 de Julio de 2014 16:31 |
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Diana Carter, de 61 años, recuerda que para controlar sus niveles de glucosa, usaba una prueba de orina con el que cargaba todo el tiempo, al igual que con los frascos de vidrio de insulina y jeringas enormes que le dolían mucho al picarse. Además ver a una persona inyectarse en la calle provocaba miradas morbosas de la gente que la rodeaba, por lo que en cuanto conoció las plumas de insulina optó por reemplazarlas, por su practicidad.
Sin embargo cuando llegaron las bombas de insulina, Diana tomó un curso para aprender a utilizarla, pero más que facilitar su vida, se volvió un problema tecnológico y regresó a las plumas. La hija Tonya Wanamaker de 41, tiene diabetes tipo II contó que cuando se le diagnosticó la enfermedad en la secundaria se rebeló contra los medicamentos orales prescritos y a los chequeos regulares de glucosa en sangre . Cuando quedó embarazada a los 21 años, la diabetes se convirtió en su prioridad pero aun así no lograba nivelar su azúcar, hasta que terminó en la sala de urgencias y el doctor le recomendó usar una bomba de insulina. Pero tras un año del nacimiento de su hija, Tonya desarrolló una alergia a las cintas de las bombas de insulina y se vio obligada a usar las plumas de insulina. Y en casos de hipoglucemia ella utiliza geles de glucosa para recuperar los carbohidratos. La nieta, Sierra Wanamaker de 14 años fue diagnosticada con diabetes tipo I, comenzó a inyectarse insulina con jeringas y con forme se adaptó a su enfermedad empleó las bombas de insulina, dispositivo que le facilitó la vida porque los usa mientras juega en el campo de hockey, baloncesto y softbol. Ella disfruta de la flexibilidad que proporciona, y se siente como una estudiante normal de secundaria. Fuente: http://www.diabetesforecast.org/ |









Utilizar o no la bomba de insulina. ¿Son las plumas mejor que las jeringas? ¿Debería preocuparse con un monitor continuo de glucosa? Son algunas de las preguntas que se realizan los pacientes cuando se les diagnostica diabetes tipo I. No hay una respuesta correcta o incorrecta. En realidad es una serie de factores que juegan un papel en el proceso de decisión, comentan Diana Carter, su hija Tonya Wanamaker, y su nieta Sierra Wanamaker, las tres mujeres diabéticas.
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