| Estudian en la UNAM roedores para entender en humanos síndrome metabólico y diabetes |
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En la actualidad existen cada vez más niños con sobrepeso, señal de alarma para los padres, pues cuando los menores lleguen a la adultez podrían adquirir padecimientos difíciles de curar, como aterosclerosis (depósito de sustancias grasas en las paredes de arterias de mediano y grueso calibre), dislipidemia (aumento de las concentraciones de grasas en sangre), hipertensión, síndrome metabólico y la diabetes tipo 2. Como síndrome metabólico debemos reconocer a la conjunción de varias enfermedades o factores de riesgo en un mismo individuo que aumentan su probabilidad de padecer una enfermedad cardiovascular o diabetes mellitus. Particularmente en México existe una prevalencia entre más de 6 millones de personas, lo cual describe una desafortunada incidencia también de sobrepeso, obesidad y diabetes en la sociedad de nuestro país. El síndrome metabólico se caracteriza obesidad y generar resistencia a la insulina, hormona producida en las células beta del páncreas y que promueve que ingrese glucosa a las células del organismo, que sea aprovechada y almacenada. Cuando existe resistencia a ésta, los tejidos no la asimilan y las células que la producen pueden agotarse y producirse diabetes; asimismo, aumentan las posibilidades de presentar enfermedades del sistema cardiovascular. Con base en ello, la doctora Marcia Hiriart Urdanivia del Instituto de Fisiología Celular, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), realizó un modelo de investigación para entender los primeros pasos en el desarrollo del síndrome metabólico y el por qué agota a las células productoras de insulina. Dicho estudio consistió en proporcionarle a un grupo de ratas de laboratorio una cantidad de 20 por ciento de sacarosa (azúcar de mesa) en su agua de beber, durante un periodo de dos a seis meses. A decir de la investigadora, después de dos meses de alimentar a las ratas con esta solución rica en sacarosa, éstas engordan del abdomen, es decir, desarrollan una obesidad central, incrementan los triglicéridos (principal tipo de grasa transportada por el organismo), aumenta la secreción de insulina y además presentan un leve aumento de la presión arterial (hipertensión). Estas características presentes en los roedoresse consideran como síntomas del síndrome metabólico. En las personas, al igual que el modelo estudiado por la especialista, la ingesta cotidiana de sustancias altas en sacarosa como refrescos o agua con mucho endulzante pueden propiciar dicho padecimiento. Lo primero que resulta evidente en el síndrome metabólico es la obesidad central que en los humanos se clasifica de acuerdo al perímetro abdominal, cuando es mayor de 94 centímetros en los hombres o mayor de 80 en las mujeres, además de triglicéridos elevados por encima de 150 miligramos por decilitro, colesterol HDL (el denominado 'bueno' por debajo de 40 en los hombres, o abajo de 50 en las mujeres), glucosa en sangre por encima de 100 miligramos por decilitro y tensión arterial por arriba de 135 la máxima y 85 la mínima. Para que se denomine síndrome metabólico necesitan presentarse al menos tres de estos signos. La investigadora de la UNAM mencionó que a los seis meses de mantener el tratamiento, las ratas siguen engordando y presentan un sobrepeso mayor que a los dos meses. “A los seis meses, los triglicéridos siguen altos y el exceso de insulina en sangre prevalece; sin embargo, ya empiezan a tener una concentración alta de glucosa en la sangre, lo que puede indicar que las células beta empiezan a agotarse” abundó Hiriart Urdanivia. De acuerdo con la especialista, dado a que la obesidad abdominal es un criterio básico en la enfermedad, para evitar el exceso de peso que puede llevarnos a desarrollar diabetes tipo 2 hay que aumentar la actividad física (como caminar 30 minutos al día), mantener una dieta de tipo mediterráneo y un estilo de vida saludable. Esta investigación además de haber desarrollado el modelo de estudio de ratas obesas con síndrome metabólico ha comenzado a analizar qué sucede a las células productoras de insulina, pues están sujetas a una sobreestimulación mediante la ingesta continua de sacarosa. “Al generar en demasía dichas unidades, la células producen una mayor cantidad de insulina y se desarrolla la resistencia a ésta. Mientras la hormona funciona se incrementa de peso, ya que los carbohidratos en exceso se almacena como grasas”, mencionó Hiriart Urdanivia. Esta etapa de la investigación aún no concluye; no obstante, “lo que hemos visto es que las células producen más insulina porque tienen una mayor cantidad de canales iónicos que transportan calcio, es decir, se trata de proteínas que están en las membranas de las células y que regulan los flujos de calcio hacia ellas, además de que la secreción de insulina depende de la entrada de este elemento”. Aunado a ello, la investigadora mencionó que es alarmante que México ocupe el primer lugar en obesidad infantil y el segundo en la población adulta. Para prevenirlo es necesario mantener una dieta balanceada durante el embarazo, ya que de lo contrario “si existe una mal nutrición durante este periodo o la persona tiene obesidad puede haber modificaciones en el comportamiento de ciertos genes, que se expresan diferente en el producto; entonces, un niño que ha tenido una nutrición inadecuada (en exceso o deficiente) en el útero, va a tener una tendencia a ser obeso”. Cabe destacar que cuando a los bebés se les deja de dar leche materna y se remplaza con alimentos ricos en azúcar puede desarrollarse un factor determinante para que la persona sea obesa en el futuro. A decir de la investigadora es importante cuidar la alimentación antes, durante y después del embarazo, pues estos descuidos son factores que determinan la obesidad, lo cual podría desencadenar en un futuro la aparición de la diabetes tipo 2. Finalmente, Hiriart Urdanivia mencionó que la investigación básica de los mecanismos de Fisiología, Fisiopatología, Bioquímica y Biología Molecular es muy importante para después tener Medicina especializada, y de esta manera avanzar en los conocimientos aplicados. “si no hay ciencia básica, no hay ciencia aplicada” abundó. Iván Olvera
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El crecimiento de la obesidad infantil en México es un problema social alarmante, ya que la mala alimentación puede tener como consecuencia una población con enfermedades crónicas y calidad de vida deficiente.
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