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Falta empoderamiento en el cuidado de la salud y la alimentación PDF Imprimir E-mail
Jueves, 24 de Octubre de 2013 09:00

La diabetes y la obesidad son enfermedades crónicas en las que se combinan causales como la genética y la alimentación, pero ante todo en las que hace falta el compromiso individual y el empoderamiento sobre el propio cuerpo, cómo se cuida, afirmó Elisa Gómez, especialista del Instituto Nacional de Nutrición Salvador Zubirán.

 

Maestra en Ciencias e investigadora del departamento de Gastroenterología, advirtió la necesidad de un trabajo multidisciplinario para controlar ambas enfermedades que, con la hipertensión y la depresión, se presentan como las de mayor afectación entre la población en México.

La raza mexicana, recordó, proviene de una mezcla de culturas, de etnias donde los genes estaban acostumbrados a un ambiente de escasez, un tipo de gen “ahorrador” que, ante la disponibilidad de alimentos, lo hace susceptible de incrementar el riesgo de acumular grasas o calorías, por ejemplo.

Pero también influyen otros factores, como el ambiental y la actividad física, con el desarrollo de tecnologías que propician el sedentarismo, al obligar de alguna forma a permanecer sentado en oficinas y escuelas ante una computadora o con vehículos que agilizan traslados, pero reducen la actividad física.

Sostuvo que encuestas de alimentación y salud revelan que de la década de los 80 al año 2006 el consumo de calorías pasó de 50 a mil 500 al día, incremento que si se suma a la menor movilidad física reduce el gasto calórico.

Además se han registrado cambios sociales y en la estructura familiar muy importantes por los que ya es distinto el entorno donde se come, no en familia, y esa modificación en los comportamientos puede ser causal de depresión y a su vez hacer diferentes las conductas alimentarias.

Es entonces un problema multifactorial, que requiere atención a cada aspecto. Reconocer el entorno que pudiera propiciar esos cambios y con ello tomar conciencia en lo individual y fomentar el empoderamiento sobre la propia alimentación.

Encontrar comida saludable es complicado, pero hay capacidad de elegir; en cada uno está la decisión de qué comer y ahí entra la planificación pues desde casa puede disponerse qué comer en el curso del día, recomendó Elisa Gómez.

En el caso de la actividad física, la especialista en nutrición comentó que más que ejercicio intenso es recomendable permanecer activo todo el día, y eso incluye caminar hasta donde está el compañero de oficina, levantar bolsas, subir escaleras, limpiar la casa, lo que hará en conjunto más minutos en el día que media hora en un gimnasio.

Ante la disyuntiva de un desayuno con tamal y atole o una ensalada y el costo y disponibilidad de una y otra opción, antepone la planificación, pues la densidad energética o más por menos precio no necesariamente es lo mejor y ahí está, de nueva cuenta, el empoderamiento sobre la propia alimentación y cuidado del organismo.

No hay que perder de vista que comer es un placer, y no se puede declarar la guerra ese placer que provoca degustar una sopa o un guiso que conlleva el recuerdo de una situación, de una persona. Lo que sí es posible es diferenciar qué es bueno y qué es malo, tomar consciencia del riesgo a la propia salud y aplicarse en el día a día.

En el caso de nutrición comunitaria, comentó que hay programas gubernamentales de educación con políticas públicas diseñadas para llegar a la gente. Cómo aprovechar el amaranto, combinar la chía, los frijoles, los alimentos disponibles.

Recordó el estudio “La alimentación de los mexicanos”, del doctor Pedro García Urigüen que indica la disminución en el consumo de tortilla, no así en el de proteínas, menos tortillas pero más pan y trigo, lo que obliga a hacer conciencia social, combatir mitos y difundir información certera.

La prevención es siempre más económica que la atención a una enfermedad, y ahí entran también desgastes sociales y familiares, psicológicos y emocionales; porque la demanda sobrepasa siempre la oferta y de continuar el ritmo de demanda llegará un momento que el sistema de salud no tenga capacidad.

Un gran problema es que los resultados de una campaña de concientización se ven a largo plazo, las políticas públicas verán un efecto palpable en 10 años, pero si no se dan, en ese lapso el descuido dará jóvenes o adultos con infartos, diabetes, obesidad, con elevados gastos para la familia y la sociedad.

El problema es globalizado, está pasando en la mayoría de los países y en todos se reconocen múltiples factores: genéticos, sociales, como menos actividad física, alimentos diferentes, más tecnología y mayores gastos. También, la necesidad de trabajo conjunto para combatirlos y asumir el compromiso individual de cuidar el propio organismo y salud.

Fuente: Notimex

 


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