La mayoría de los diabéticos piensan que para controlar el padecimiento es necesario quitarle el sabor a la vida, lo cual es una falacia que los limita, pues el secreto de la salud es llevar un tratamiento adecuado, ejercitarse diariamente y comer bien, comenta Juan Luis Carrillo Toscano, asesor nutricio del Programa de Salud en el Adulto y en el Anciano de la Secretaría de Salud (Ssa).
Tales virtudes de la alimentación las comprobó don José Guadalupe Piña Hernández, un empleado de gobierno que hace dos años supo que tenía diabetes cuando sufría de nerviosismo y bajó abruptamente de peso. Su médico le practicó un examen de glucosa, cuyo resultado arrojó 352 mililitros por decilitro de sangre (ml/dl).
Sin embargo, antes de ello, durante nueve años ya había sufrido malestares como infecciones en la piel y sudoración continua, que lo obligaban a bañarse hasta tres veces al día. Tales síntomas, los achacaba a su mala alimentación durante la infancia y a la tensión cotidiana que implicaba su trabajo.
Cuando conoció el diagnóstico don José aceptó que estaba enfermo y se dispuso a ingresar, con férrea disciplina y endurecida voluntad, al club de las personas con diabetes. Comenzó a buscar información y, con ayuda de médicos y nutriólogos, ha logrado controlar el trastorno gracias a la combinación de fármacos, ejercicio y una buena dieta. Ahora, mantiene su nivel de glucosa en 95 ml/dl.
En el mundo existen 140 millones de personas que, como don José, padecen diabetes, un desorden metabólico que afecta a 10.9 por ciento de los mexicanos y constituye la tercera causa de muerte en México, según datos de la Ssa.
Azúcar en sangre
La diabetes es una enfermedad endocrina y, para entenderla, se requiere saber para qué sirve el azúcar en el cuerpo. Las células funcionan gracias a un combustible llamado glucosa, un azúcar que el organismo produce a partir de los alimentos ingeridos. Este combustible entra al torrente sanguíneo y de ahí pasa a las células. Pero, en el caso de las personas con diabetes, aquél no llega a su destino por falta o insuficiencia de insulina, una hormona que es producida en el páncreas gracias a células especializadas llamadas beta.
En la diabetes tipo 1, las células beta han sido completamente destruidas (no hay producción de insulina), mientras que en la tipo 2 los elementos sanguíneos encargados de metabolizarla tampoco funcionan o lo hacen deficientemente. En ambos casos, el resultado es el mismo: alta concentración de azúcar en sangre, que las células del cuerpo necesitan desesperadamente y no pueden recibir, ya que el sistema de trasporte esta cortado en algún punto. Al no recibir el combustible necesario, las células se lanzan a conseguir alimento, destruyendo los tejidos aledaños para trasformarlos en nutrientes.
Por otra parte, la elevada y desaprovechada concentración de azúcar en sangre provoca padecimientos como disminución de la agudeza visual, insuficiencia renal y gangrena en los pies, pues se dañan venas y arterias: desde los grandes vasos como la aorta y la cava, hasta los microscópicos conductos que irrigan el ojo.
Pensar y comer bien
El mayor peligro de la diabetes es su naturaleza silenciosa. Una persona puede padecer el mal durante años sin saberlo, hasta que empieza a tener los síntomas de que el padecimiento ha llegado a una fase aguda. Los únicos avisos son orina excesiva, una sed fuera de lo normal, hambre insaciable, pérdida de peso notable, irritabilidad, debilidad, fatiga, náuseas y vómito.
Empero, el nutriólogo Juan Luis Carrillo explica que aun cuando el paciente llegue a esas circunstancias, es posible que tenga una buena calidad de vida si sigue las instrucciones de su médico. Por ejemplo, la Secretaría de Salud ha hecho una guía dietética para la prevención, tratamiento y control de la enfermedad, que está apegada a la Norma Oficial Mexicana SSA-015-1999, aunada a los talleres de educación en diabetes y programas de capacitación dirigidos a médicos de primer contacto.
"Una persona con diabetes controlada puede consumir todo tipo de alimentos, incluso azúcares, en baja proporción. Por ejemplo, como desayuno puede tomar un licuado de plátano con un huevo revuelto con nopales y dos porciones de pan o tortillas", comenta el especialista, quien además sugirió que éstas y otras recetas pueden encontrarse en la página www.comerbien.org, a fin de que todo paciente pueda despojarse de los mitos entorno a esta dulce enfermedad.
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