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¿La obesidad afecta la felicidad sexual? PDF Imprimir E-mail
Martes, 20 de Mayo de 2014 09:52

Para algunos individuos, el sobrepeso significa el final del placer corporal, pues asumen su figura como un impedimento para relacionarse socialmente, y peor aún en la intimidad. La realidad indica que si bien la satisfacción sexual depende de factores como los psicológicos, también influyen los culturales y de educación.

 

Al respecto, la nutrióloga y psicoterapeuta Luisa Maya Funes señala que si alguien que padece sobrepeso y tiene una pareja que le satisface sexualmente puede ser feliz.

“El tipo gordito, risueño y simpático que sabe ganarse a la gente puede conseguir una buena relación de pareja, cosa que muchos delgados no logran. Esto quiere decir que la capacidad para disfrutar de una vida sexual plena tiene que ver más con las características personales del individuo que con su imagen corporal”, indica la entrevistada.

La doble función profesional de la doctora Maya Funes le hace comprender las distintas personalidades del paciente con exceso de peso. “La obesidad es consecuencia de miedos, depresión, frustraciones, represión, traumas, nerviosismo y miles de factores más. Es por ello que tales estados emocionales a veces no se reparan con el simple hecho de comprometerse con una dieta y bajar de peso.

“Muchos de esos pacientes caen, recaen y reiteran el sobrepeso porque no han sido capaces de superar estos factores. Pero será a través de la psicoterapia como se modifiquen todas las alteraciones de índole afectiva que lo indujeron al sobrepeso para que pueda entender y superar sus problemas y afecciones. Así se logrará un peso adecuado que le permita mayor autoestima y una identidad psicológica y sexual más satisfactoria.”

La obesidad interfiere en distintas etapas de la vida y marca pautas en cuanto a la definición sexual. Por ejemplo, los niños obesos tienden a presentar alteraciones afectivas que derivan en problemas de autoestima, autoimagen e identidad.

En la pubertad, algunas niñas con sobrepeso presentan tendencia a la anorexia y la bulimia como respuesta a diferentes miedos, como a ser obesas en ese o en los subsecuentes momentos de su vida, a no ser atractivas, no encontrar pareja y permanecer en la soltería. Entonces, en esta etapa se manifiestan dos actitudes: la de quienes se dan por vencidas y se dejan subir de peso más y más, o la de quienes replantean su identidad y se transforman en personas delgadas.

La misma sociedad marca cánones muy rígidos y exigentes a la mujer. Por ejemplo, en la adultez temprana la mujer acumula mayor cantidad de grasa en los depósitos corporales de tejido adiposo (glúteos, abdomen, senos, brazos, piernas, cadera) como un proceso de preparación para la futura procreación. El hombre, por su parte, es más musculoso, pero empieza a manifestar la famosa “llantita” o la “pancita” en la región abdominal. En esta etapa se definen los roles sexuales guiándose por los modelos o prototipos que marcan los medios, donde la imagen de un obeso es rechazada.

Entre los 40 y 50 años de edad de la mujer, cuando las hijas empiezan a formar su cuerpo, la madre empieza a cuestionarse sobre su figura e intenta bajar de peso. Trata de reafirmar su identidad psicosexual y empieza el temor a la menopausia y, por tanto, a la flacidez y deformación del cuerpo. En el hombre, entre los 40 y 50 años, inicia la competencia con la imagen corporal del hijo, y también se interesa por mantener una figura juvenil que pudiera llegar a atraer a mujeres de menor edad.

Finalmente, en la senilidad se crea conciencia por el cuidado de la salud, la sexualidad pasa a un segundo término y mantener peso adecuado que permita alcanzar las mejores condiciones de vida resulta la meta prioritaria.

Como se puede ver, la felicidad sexual está marcada por senderos distintos a los del placer de comer.

Raúl Serrano


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