Cuando la diabetes no es un obstáculo para superar tus retos

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El caso de Bea García demuestra que los obstáculos únicamente se los pone uno mismo. A pesar de padecer diabetes, la catalana ha conseguido todo lo que se ha propuesto en el mundo del deporte de montaña, convirtiéndose en un ejemplo para todos por su convicción y la fortaleza con la que ha superado cada desafío que se ha marcado.

En realidad, su vida parecía predestinada a desarrollarse en la montaña. En aquel entorno con el que conectaba casi de forma innata y donde conseguía encontrarse a ella misma. Desde muy pequeña, conoció los mapas, las guías alpinas, las cuerdas… Su abuelo, alpinista, le descubrió todo aquello. “Estar en la montaña y el simple hecho de tocar las flores era fascinante. ‘Esto es lo mío’”, se dijo en sus primeras aventuras, siendo una niña.

Estar en la montaña y el simple hecho de tocar las flores era fascinante”

Las más de 100 carreras de larga distancia en las que ha cruzado la meta le han permitido ir conociendo el mundo a la vez que descubría sus propios límites. The Last Antarctica, la Track Outback Race de Australia, la Ultra-Trail du Montblanc o The Coastal Challenge son solo algunas de las pruebas que constan en su inacabable currículum de éxitos. Aunque, sin duda, la más especial fue el 4 deserts: cuatro carreras de 250 kilómetros cada una por Atacama, Gobi, Sáhara y Antártida, los desiertos más extremos del planeta.

“Fue una etapa de mi vida en la que todo parecía una locura”, recuerda ella misma. La aventura, que comenzó en el desierto de Atacama, tenía un hándicap. “En mi caso, por la enfermedad, tenía que llevar una mochila de 17 kg en la espalda, además del kit de diabetes”, explica. Sin experiencia, pero llena de ilusión, sorprendió a todos los participantes. En condiciones extremas, a 50 grados y 3.500 metros de altitud, se erigió en la primera mujer diabética que lo conseguía.

La cuestión logística, confiesa, nunca la ha frenado a la hora de afrontar cualquier prueba. Gracias a la normalidad con la que lo asume ha podido disfrutar de experiencias únicas. Otro de los logros marcados en rojo es haber formado parte de una expedición en el Campo Base del Everest, cuando Josu Feijoo, el primer diabético que coronó el Everest, la invitó a vivir aquella aventura sin precedentes.

Su mirada refleja todas las experiencias, los momentos y el sufrimiento que hoy repasa con orgullo. Llevar su cuerpo al límite es su manera de sentirse plena. En Australia, en una prueba de 9 etapas y 522 quilómetros, vivió su momento más duro. El tercer día se hizo una fractura en la tibia por estrés. Con casi 400 quilómetros por delante, logró acabar. “La última etapa fue el peor día de mi vida deportiva”.

El episodio en Australia, uno de tantos en los que ha desafiado a la lógica y su cuerpo, ejemplifica lo que es su carrera. Pero también su vida. Una luchadora infatigable que no conoce excusas ni impedimentos. Solo un sueño ha quedado en el tintero. “De pequeña quería ser bombero de rescates. Pero por ley no puedo”. Con los años, ha convertido su vocación en parte de su día a día en la montaña.

En cada palabra, Bea destila la pasión y el espíritu con el que afronta la vida. Sólo con ese positivismo e inquebrantable convicción en todo lo que hace ha sido capaz de ir tachando de su libreta de desafíos todo aquello que se ha ido proponiendo desde que conoció el mundo del deporte más extremo. “Cuando tengo un objetivo, voy con todo a por él”, explica convencida. Su próximo reto, en Namibia, a finales de este mes de abril, será la enésima muestra de la fortaleza de una mujer pionera convertida en ejemplo.

Fuente: La Vanguardia

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