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Al aplicar la insulina, supera el miedo a la aguja

La diabetes llegó a tu vida, tienes que enfrentar un cambio de hábitos, ser consciente de lo que comes, hacer ejercicio y especialmente tomar tus medicinas. Pero, si tengo que aplicarme la insulina, ¿cómo le hago?

Alejandra Cuevas, licenciada en Nutrición y Educadora en Diabetes, explica cómo enfrentar la situación. “Independientemente del miedo a las inyecciones, a mucha gente le da temor la insulina en sí, porque lo relacionan con algo negativo, así que el primer paso es investigar todo lo que puedan sobre la insulina, para que vean que es algo bueno para ellos, que su aplicación les va a evitar la presentación de complicaciones”.

Y al llegar al momento de tener que aplicar las inyecciones, es importante no quedarse con dudas y preguntar al médico sobre las técnicas. “Mucha gente ni siquiera sabe con qué jeringa se tiene que aplicar o los sitios donde debe ser aplicada, esto los lleva a tener una mala técnica de inyección y por consecuencia a tener un mal resultado”.

Aplicar la insulina es muy sencillo, señala la especialista. Hay varias alternativas: “antes las agujas eran largas y gruesas, ahora son cada vez más delgadas y más cortas, entonces proporcionan una inyección más cómoda, aparte de que diferentes estudios han mostrado que el uso de agujas más cortas favorecen un buen control de la diabetes”.

Para que no duela su aplicación, la insulina debe estar a temperatura ambiente, así que si se tiene en el refrigerador, se tiene que sacar media hora antes. La insulina, comenta, debe llegar a una capa que está entre la piel y el músculo, que es el tejido subcutáneo, entonces si utilizamos una aguja corta que atraviese la piel, que máximo la piel mide 2.7 milímetros, vamos a asegurar que la insulina llegue a ese tejido subcutáneo.

Antes, las agujas eran más largas y con la aplicación se llegaba al músculo, haciendo que la absorción de la insulina fuera más rápida, provocando bajas de azúcar en la sangre. La consecuencia era el impacto de ver una aguja más larga, dolor y además se sentían mal, eso ya no sucede ahora.

El miedo a la aguja
Para superar el miedo a la aguja, Alejandra Cuevas recomienda utilizar y ensayar en una pelota antiestrés o inyectando un muñeco, “de verdad que eso ayuda”. En el caso de los niños, para que empiecen a participar en la aplicación de la insulina, hay que involucrarlos en el proceso. “Para quitarle el miedo al niño, hay que hacer que cargue la jeringa, que el adulto le introduzca la aguja y él que empuje el émbolo”.

P.- ¿A partir de qué edad es recomendable que un niño se aplique la insulina?
R.- Entre siete y ocho años, siempre con la ayuda de un adulto.

P.- ¿Siempre la inyección es en el brazo?
R.- Puede ser en los brazos, en el tríceps, donde tenemos más grasita. Algunas personas llaman a esta zona “el salero” o “la alita de murciélago”. La otra opción es el abdomen, tomas el ombligo de referencia y tienes cuatro dedos del lado derecho, cuatro del lado izquierdo y cuatro dedos hacia abajo, en esa parte puedes aplicar la insulina. También puedes aplicar la insulina en la cadera, en la zona que le dicen “el callo de la andadera” y en los muslos, pero sería en la parte lateral, no en el frente, cuando aplicas la insulina tienes que hacer un pliegue, te inyectas y luego sueltas el pliegue.

P.- ¿Qué pasa si por error se aplica en otra parte del cuerpo?
R.- Puedes hacer una inyección intramuscular y con eso haces que se absorba más rápido la insulina y también duele. Tenemos que buscar donde haya grasita, ahí es donde se aplica la insulina.

Fuente: Su Médico

Publicado en Tratamiento y cuidados

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