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La menopausia no predispone a la diabetes PDF Imprimir E-mail

En la mujer mexicana es común que entre los 45 y 50 años de edad se marque el final del ciclo mensual de ovulación, el que permite el embarazo y la producción de estrógenos y progesterona (hormonas sexuales femeninas). A ello se conoce como menopausia y algunos de sus síntomas suelen tener similitud con los de la diabetes, como mareos, dolores de cabeza, cansancio, debilidad muscular, irritación, sudoración, alteraciones del sueño, disminución del deseo sexual, y la pérdida de memoria a corto plazo.

Es así que por los cambios hormonales que se suscitan en el organismo de las mujeres menopáusicas se les considera una población susceptible de desarrollar diabetes. Lo que sucede, según estudios médicos, es que la disminución de estrógenos aumenta la resistencia del organismo a la insulina, en tanto la menor cantidad de progesterona coadyuva a tener una mayor sensibilidad a ella.

Sin embargo, la menopausia no constituye un factor de riesgo, lo cual no anula la posibilidad de que mujeres en dicha etapa enfermen de diabetes por otras causas, según reveló la investigación realizada por la doctora Catherine Kim, profesora de Medicina Interna y Obstetricia y Ginecología en el Sistema de Salud de la Universidad de Michigan, Estados Unidos.

Estos reveladores resultados fueron obtenidos al cabo de una investigación clínica realizada con un grupo de mil 237 mujeres que forman parte de la población con alto riesgo de contraer diabetes y cuyas edades fluctuaron entre los 40 y los 65 años, ya que en ese país las mujeres presentan la menopausia a los 51 años, generalmente.

Los indicadores de enfermos de diabetes en Estados Unidos son elevados, ya que según reporta el Instituto Nacional de la Diabetes y de las Enfermedades Digestivas y del Riñón y la Asociación Americana de la Diabetes la cifra de pacientes ronda los 17 millones, de los cuales 9.1 millones son mujeres.

Destaca entre los resultados obtenidos por la doctora Catherine Kim y su equipo de colaboradores que de cada 100 mujeres participantes del estudio durante un año, 11.8 por ciento de las pre-menopáusicas (antes de los 51 años) desarrollaron diabetes, 10.5 por ciento de menopáusicas y 12.9 mujeres a quienes se habían extirpado los ovarios.

Al considerar estas cifras vale la pena recordar que en el estudio participó una población de alto riesgo por su intolerancia a la glucosa. Una aportación más gira en torno a la post-menopausia, etapa en la que se puede llegar a disminuir de manera drástica el desarrollo de la diabetes, lo cual modifica el estilo de vida, señala la doctora Kim.

En el grupo de las mujeres que se habían sometido a la extirpación de los ovarios se pudo notar cómo el porcentaje que enfermó de diabetes fue de 12.9 por ciento. Sin embargo, cuando habían realizado cambios en su vida, que consistieron en la pérdida del siete por ciento de su peso corporal y ejercicios de por lo menos 150 minutos por semana, los casos de diabetes fueron muy pocos y el seguimiento anual del estudio apuntó a que por cada 100 de esas mujeres menopáusicas a partir de la extirpación de ovarios únicamente desarrollaron diabetes el 1.1 por ciento.

Tales resultados se obtuvieron debido a que se formaron grupos de control con mujeres que redujeron su peso y hacían ejercicio y otros en que las involucradas en el estudio conservaron su estilo de vida inalterable.

Frente a estos resultados que contravienen evidencias anteriores, en las que médicos y enfermas temían a las terapias de reemplazo de hormonas por sus posibles riesgos de desarrollar diabetes, hace falta realizar más investigaciones sobre el papel de la terapia hormonal y el riesgo de diabetes, indica la doctora Catherine Kim.

Al dar a conocer los resultados obtenidos, la investigadora destacó que las mujeres que participaron en el estudio formaron parte del Programa de Prevención de Diabetes. A todas ellas se les aplicó una prueba clínica dirigida a los adultos que presentan intolerancia a la glucosa (porque su organismo tiene dificultades para procesarla y convertirla en energía) de manera que el azúcar pasa a la sangre.

La importancia de aplicar ese análisis a las pacientes radica en que la intolerancia a la glucosa es a menudo una etapa previa a la diabetes. Esta deficiencia se presenta frecuentemente en edades avanzadas y si se agregan otros elementos como sobrepeso, inactividad física y antecedentes familiares se puede prever el desarrollo de la diabetes tipo 2.

En conclusión, se afirma en los resultados del estudio, la menopausia no es un factor de riesgo para desarrollar diabetes, así sea porque se llega a ella de forma natural o como resultado de la extirpación de los ovarios; la doctora Kim agrega que "la menopausia es uno de los muchos pasos pequeños en el proceso de envejecimiento y ello no implica que la salud de las mujeres empeorará después de esta transición".

Laura Carolina Guzmán Peña


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