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Vive con diabetes

Médicos obvian vital examen para la diabetes

La música navideña empieza y -sea bomba o no- ¿a quién no le sube el ritmo por los pies? Resulta que también es por los pies que todo médico debe comenzar el examen físico a cada paciente diagnosticado con diabetes que se presente a su consultorio.

Sin embargo, en Puerto Rico gran parte de los galenos no lo hace.

“Solamente el 50 por ciento de los médicos (uno de cada dos) está realizándole al paciente el examen del pie”, revela a Por Dentro la doctora en epidemiología Jessica Irizarry Ramos, directora de la División de Prevención y Control de Enfermedades Crónicas del Departamento de Salud de Puerto Rico.

“Se supone que a una persona con diabetes al menos una vez a año se le realice un examen comprensivo del pie. Tiene que incluir la sensibilidad en las extremidades, una inspección visual sobre lesiones, úlceras, cambios en color o temperatura de la piel, el pulso del pie para ver si está habiendo circulación suficiente...”, enumera la profesional de la salud pública.

Irizarry Ramos recalca que esa es una de las áreas que urge mejorar para lograr frenar el avance de la tercera causa de muerte en el País, después del cáncer y las enfermedades del corazón.

Los estimados más recientes del Departamento de Salud sugieren que unas 700 mil personas de 18 años o más padece la letal enfermedad, aunque aproximadamente 230 mil de estas lo ignoran. Y si bien las campañas educativas de los pasados años han logrado que más personas sean diagnosticadas en etapas más tempranas del desarrollo de la diabetes, su prevalencia y, por tanto, los efectos que causa -como las amputaciones de extremidades inferiores y la muerte- siguen sin freno.

De acuerdo a los hallazgos del más reciente reporte de prevalencia de diabetes en Puerto Rico, entre 2014 y 2015 los diagnósticos aumentaron en todos los grupos por edad a partir de los 35 años excepto en el de 35 a 44.

En personas de 45 a 54 años la prevalencia aumentó de 14.6 por ciento a 17.9 por ciento, entre las de 55 a 64 subió de 26.8 por ciento a 28.4 por ciento y entre los ciudadanos de 65 años o más aumentó de 36.7 por ciento a 37.6 por ciento.

Quiere decir que son más los pacientes cuyos pies deben ser examinados de manera rutinaria por los médicos de todas las especialidades, máxime cuando el 65.4 por ciento de los adultos con diabetes reporta tener un estado de salud regular o pobre.

“Hay la falsa noción entre los médicos de que eso es responsabilidad de endocrinólogos o podiatras y esa responsabilidad recae en cualquier médico que tenga un paciente diabético de frente”, aclara Irizarry Ramos.

“Una persona con diabetes es bien difícil que logre un control completo, porque ya hay un daño en el páncreas, tu cuerpo no está trabajando de la manera óptima y está trabajando ayudado por un medicamento que a su vez puede tener efectos secundarios, o sea que aun cuando la persona siga su dieta, realice actividad física, la condición lo pone en riesgo. Obviamente en aquel que está descontrolado el riesgo es muchísimo mayor”, advierte.

Hay dos tipos principales de diabetes. La tipo 1 se debe a que el páncreas no produce insulina, hormona que es como el vehículo que lleva el azúcar al interior de la célula para que produzca energía. Este problema suele ser congénito y por ello se manifiesta principalmente en la infancia con síntomas como orinar frecuente, mucha sed y pérdida de peso. La Fundación Pediátrica de Diabetes ha estimado que cada año en Puerto Rico se diagnostican unos 200 nuevos casos de diabetes tipo 1 en niños.

Mientras, en la diabetes tipo 2 ciertas células del cuerpo se hacen resistentes a la insulina por razones diversas, es como si no la reconocieran y, por tanto, no le permiten hacer su trabajo de introducir azúcar a las células. Esto provoca aumento del azúcar o la glucosa en sangre.

Este problema suele manifestarse en la adultez, muchas veces facilitado por estilos de vida y de alimentación poco saludables, pero los síntomas pueden pasar desapercibidos durante años, retrasar el diagnóstico y complicar el estado de salud.

Irizarry Ramos recuerda que una persona que viva con la condición sin detectarla y sin atenderla, puede comenzar a presentar complicaciones a partir de los diez años de su inicio. Por eso la gran importancia de los exámenes rutinarios. De haber un diagnóstico, entonces la clave es continuar con el automonitoreo y los exámenes rutinarios, junto con los estilos de vida saludable para mantener la enfermedad bajo control.

A pesar de las sombrías estadísticas, parece que en ese sentido muchos pacientes en Puerto Rico le llevan la delantera a los médicos. Irizarry Ramos celebra que las campañas educativas de los últimos años parecen haber incentivado la realización de exámenes preventivos, permitiendo diagnosticar y tratar la enfermedad más temprano.

“Más o menos el 60 por ciento se automonitorea diariamente los niveles de glucosa, el 93 por ciento visita su médico para tratar su condición, y en términos de que la persona se autoexamine el pie diariamente para poder identificar lesiones, úlceras, cambios en color de piel, en temperatura de la piel del pie, en Puerto Rico el 80.6 por ciento de los adultos realiza esa práctica; en Estados Unidos, la mediana está en 58 por ciento. También el 68 por ciento se ha realizado la prueba de hemoglobina glicosilada (que determina los niveles de azúcar en sangre durante los tres meses previos a la toma de la muestra)”, revela la epidemióloga.

Reconoce la importancia de la educación en los pacientes y el acceso a buenos servicios, pues tal y como han mostrado históricamente los reportes de prevalencia, en municipios con menos escolaridad y más pobreza la incidencia de diabetes suele ser mayor. A eso atribuye la doctora que la región con mayor incidencia sea la norte central, así como las islas municipio, mientras que la zona metropolitana tiende a tener menor prevalencia, en particular los pueblos de Guaynabo y San Juan.

“Lo más importante es el control. Con niveles de glucosa controlada sabemos que podemos disminuir el riesgo de desarrollar complicaciones asociadas a la diabetes como neuropatía, nefropatías (enfermedades renales), retinopatía diabética (daño a la retina), glaucoma, ceguera, amputaciones de extremidades inferiores”, reitera. Menciona también la importancia de contar con la vacuna de neumococo (una dosis de por vida) e influenza (una anual a partir de agosto) para prevenir complicaciones como pulmonía.

Irizarry Ramos hace un llamado a los científicos y académicos a investigar un caso muy llamativo, el de la región suroeste, donde la prevalencia de diabetes es significativamente menor, pero se desconoce las razones.

También se expresa esperanzada de que la Junta de Licenciamiento y Disciplina Médica de Puerto Rico incluya en sus próximos cursos compulsorios los que ofrece la División de Prevención y Control de Enfermedades Crónicas del Departamento de Salud.

Fuente: elnuevodia.com

 

Publicado en Familia del paciente

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