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¿Cómo reconocer las diferencias entre un infarto, un paro cardiaco y un ictus?

Infarto, paro cardiaco, accidente cerebrovascular, ictus, apoplejía… hemos oído estas palabras a menudo y, sin embargo, la mayoría de nosotros no tenemos claro lo que significan y en qué se diferencian. ¿En qué consisten estos problemas de salud, así como los factores de riesgo que influyen en todas las enfermedades cardiovasculares?

Infarto
En el caso del infarto de miocardio nos encontramos con un problema en la arteria coronaria, donde un coágulo, formado la mayoría de las veces por el desprendimiento de una placa de ateroma, bloquea el suministro de sangre y oxígeno que tendría que ir al corazón. Este bloqueo provoca, generalmente, irregularidades en los latidos cardiacos (arritmias), dolor en el pecho que puede irradiar a la parte izquierda del cuerpo, dificultad respiratoria, etc.

Este bloqueo debe ser tratado lo antes posible, ya que en pocas horas puede provocar la muerte del músculo cardiaco afectado. La persona que sufre un infarto de miocardio no pierde la conciencia en ningún momento y, en cambio, sufre dolores agudos.

Paro cardiaco
En este caso, el corazón deja de latir súbitamente. Quien lo sufre pierde el conocimiento de manera inmediata, lo cual le provoca un desmayo y una parada respiratoria. Por ello, el tratamiento debe ser inmediato, ya que si no conlleva la muerte. Requerirá una resucitación cardiopulmonar inmediata hasta que sea posible aplicarle una desfibrilación, la cual envía un choque eléctrico para reestablecer el ritmo cardiaco normal. Quienes ya han sufrido un paro cardiaco pueden implantarse un desfibrilador que disminuirá el riesgo si sufren otra parada.

Accidente cerebrovascular
También conocido con los nombres de infarto cerebral, apoplejía o ictus, sucede cuando se detiene el flujo de sangre que va a una parte del cerebro. Si este accidente dura más de varios segundos nos encontramos que el cerebro deja de recibir oxígeno y nutrientes, lo cual causa la muerte de células cerebrales y, por lo tanto, un daño permanente.

Hay dos tipos de accidente cerebrovascular:
Isquémico. Es el más frecuente, con una estadística del 85% del total de accidentes cerebrovasculares, y conlleva la situación irreversible que hemos comentado. Es un infarto cerebral, por tanto, causado por un trombo que impide la correcta irrigación del cerebro.

Hemorrágico. Es menos frecuente, y aunque la tasa de mortalidad es bastante mayor, por contrapartida, los supervivientes a este tipo de ictus tienen, en general, secuelas menos graves que los que han sufrido el ictus isquémico. Se trata de una hemorragia o derrame causada por la rotura de un vaso sanguíneo.

Factores de riesgo
Existen unos factores de riesgo comunes para estos problemas coronarios. Deberíamos conocerlos para prevenir todo tipo de enfermedades cardiovasculares, especialmente si tenemos factores de riesgo o bien si tenemos antecedentes familiares:

Hipertensión arterial. Es indispensable controlar regularmente la tensión arterial. El médico deberá determinar el tratamiento adecuado según los valores de nuestra presión.

Consumo excesivo de grasas perjudiciales. La grasa es un nutriente indispensable para nuestra salud, pero debe ser de buena calidad. Recomendamos el consumo habitual de grasas de origen vegetal y de buena calidad, como el aceite de oliva, el aceite de lino, el aceite de coco, el aguacate, los frutos secos, etc.

Colesterol y triglicéridos elevados. Las analíticas nos mantendrán informados de estos niveles, los cuales podremos mejorar con una buena alimentación y controlando también nuestra salud emocional. El exceso de estas grasas se deposita en las paredes de las arterias, formando placas de ateroma, susceptibles de desprenderse y formar trombos.

Un 20% de las personas que han sufrido un ictus son diabéticas
Sedentarismo. Hoy en día todos sabemos que es fundamental realizar ejercicio. Podemos realizar un poco cada día, por ejemplo, acostumbrándonos a subir y bajar escaleras, o bien ir siempre caminando o realizar un deporte dos o tres veces a la semana.

Tabaquismo. Es indispensable reducir este mal hábito, no sólo para nuestra salud coronaria, sino para evitar muchos otros problemas de salud.

Obesidad. El sobrepeso multiplica el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares y, por ello, deberíamos tratarlo sin que sea algo muy sacrificado. Hay muchos consejos naturales que nos ayudarán a comer de otra manera más sana y así también ir adelgazando progresivamente, sin sacrificios ni traumas.

Estrés. El estrés influye en nuestra salud y agrava en gran medida los problemas que ya tengamos o a los que seamos propensos. Está directamente relacionado, por ejemplo, con los niveles de colesterol. Por ello, recomendamos buscar la manera de evitarlo en nuestras vidas.

Fuente: Mejor con Salud

Publicado en Complicaciones

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