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Cuida tu corazón

Todo el tiempo, incluido el que estás invirtiendo en la lectura de este artículo, tu corazón bombea cerca de cinco litros de sangre por minuto a lo largo de tu cuerpo. Este líquido vital se traslada por más de 96 mil kilómetros de conductos (arterias, venas y capilares). En efecto, el corazón es uno de los órganos más trabajadores. Tan sólo consideremos que, aproximadamente, late unas 3 mil millones de veces sin parar. Sorprendente para un músculo del tamaño de un puño.

La sangre que bombea tu corazón contiene células y diversas sustancias químicas, lo que en conjunto permite que tus músculos, órganos y piel funcionen adecuadamente; amén de que aporta el oxígeno que necesitamos para vivir.

Conoce y controla los factores de riesgo
La investigación médica realizada en los últimos 50 años ha permitido identificar las condiciones que favorecen la aparición de las enfermedades cardiacas. A estas condiciones se les conoce como factores de riesgo coronario, los cuales a continuación se mencionan:
-Aumento del colesterol en la sangre.
-Elevación de la presión arterial.
-Tabaquismo.
-Diabetes mellitus.
-Inactividad física.
-Obesidad y exceso de peso.
-Estrés.

Conocer estos factores es muy importante, pues ahora sabemos que evitándolos o controlándolos adecuadamente se puede, en gran medida, disminuir las posibilidades de desarrollar la enfermedad de las arterias coronarias o evitar un ataque al corazón. Ahora, veamos las características de cada uno y la forma de mantenerlos a raya.

Antecedentes familiares. Si cualquier familiar directo ha sufrido un infarto o una trombosis cerebral (embolia), ha muerto por una enfermedad cardiovascular o bien ha requerido una cirugía del corazón antes de los 55 años de edad, tienes un riesgo mayor de sufrir un ataque al corazón. Conocer esta situación te permite estar alerta, así que considera la revisión cardiológica como un estudio de rutina.

Hipertensión. La presión arterial alta indica que la presión en el interior de las arterias se encuentra constantemente por arriba de los valores normales. Esta presión se origina en el corazón y es la fuerza de la sangre que empuja en contra de las paredes de los vasos sanguíneos (arterias): se expresa con dos números, por ejemplo 130/80. El número superior corresponde a la presión sistólica, la cual se produce cuando el corazón se contrae. El número inferior representa la presión diastólica que tiene lugar cuando el corazón se relaja.

Se dice que una persona tiene hipertensión arterial cuando la presión sistólica es mayor de 140 o la diastólica es mayor de 90. Algunos pacientes tienen aumento de las presiones sistólica y diastólica, otros, únicamente tienen elevación de la sistólica. La causa de este padecimiento se desconoce; sin embargo, se sabe que el aumento de la presión es común al tener sobrepeso, no practicar ejercicio, consumir sal en exceso y al tener antecedentes familiares.

Para tener cifras normales de presión arterial es necesario seguir al pie de la letra las indicaciones del médico. Por ejemplo, seguir la dieta recomendada, disminuir el peso corporal, practicar ejercicio y tomar los medicamentos. La meta es una presión arterial menor a 140/90 y, en condiciones óptimas, 120/80.

Colesterol. Es una sustancia alojada en los organismos del reino animal, por lo que es normal que nuestro cuerpo lo tenga, pues constituye la materia prima que se utiliza para elaborar hormonas o sintetizar vitaminas como la D. Además, contribuye a la reparación de los tejidos dañados; el problema se presenta cuando su cantidad se eleva en la sangre.

La cantidad normal de colesterol total en sangre debe ser menor a 200, si se encuentra entre 200 y 239 es una llamada de atención, pero si está por arriba de 240 se convierte en un factor de riesgo muy importante. El colesterol malo (LDL) debe ser menor a 130, y suele incrementarse en la sangre al ingerir alimentos ricos en grasas, como la leche entera, la crema, la mantequilla, los huevos, las vísceras, los embutidos y la carne con exceso de grasa.

De igual modo, si desconoces tus niveles de colesterol total, HDL (colesterol bueno) y LDL (colesterol malo), hazte un análisis pronto, ya que puedes tener este riesgo sin saberlo. El primer paso para reducirlo es seguir una dieta baja en grasa que incluya vegetales, frutas, cereales integrales, arroz y pastas, leche descremada, pollo y pescados y carnes rojas sin grasa. Asimismo, es recomendable bajar de peso y seguir un programa de ejercicio.

Tabaquismo. Fumar es uno de los principales factores que predisponen al ataque cardiaco, incluso, se tienen referencias médicas de que casi una quinta parte de las muertes debidas a enfermedad del corazón son causadas por esta adicción.

Considera que al dejar de fumar, reducirás tal riesgo en forma muy importante desde las primeras 24 horas. Si ya tuviste un ataque cardiaco y dejas de fumar hoy mismo reducirás el riesgo de sufrir otro. No importa el número de cigarrillos que fumas o los años que has fumado, cuando dejas de fumar tu riesgo de infarto del corazón se reduce.

Diabetes. Se refiere a la incapacidad del organismo para producir o responder adecuadamente a la insulina, hormona que permite aprovechar la glucosa (azúcar). La diabetes daña el sistema cardiovascular y afecta los niveles de colesterol y triglicéridos.

Cabe destacar que la diabetes aumenta de 3 a 7 veces el riesgo de sufrir un ataque al corazón en la mujer y de 2 a 3 veces en el hombre. Los infartos del corazón se presentan a edades más jóvenes y son de mayor gravedad en los pacientes con diabetes. Para retrasar o evitar la aparición de la enfermedad es muy importante mantener un peso adecuado, practicar ejercicio físico en forma regular y evitar los excesos en el consumo de alimentos, principalmente los llamados chatarra.

Obesidad. Una persona es obesa cuando tiene un sobrepeso mayor al 30 por ciento del que debería ser su peso ideal. El peso normal se calcula de una manera general, restándole a la altura de la persona un metro y su tolerancia máxima, es del 10 por ciento. Entonces, si rebasas estos límites, eres una persona obesa, lo cual incrementa tu riesgo de enfermedad cardiaca.

El exceso de peso impone mayor trabajo al corazón, contribuye al desarrollo de presión arterial alta, favorece la elevación de colesterol y triglicéridos en la sangre y puede conducir a la aparición de la diabetes. Todos estos factores afectan las arterias del corazón, las obstruyen y aumentan el riesgo de infartos cardiacos.

Sin lugar a dudas, perder peso es una excelente forma de reducir tu riesgo de problemas del corazón y también de otras enfermedades. Recuerda combinar tu plan de dieta con tu programa de ejercicio físico. Estas dos medidas te ayudarán a lograr tu objetivo: un peso corporal saludable.

Sedentarismo. La falta de ejercicio físico en forma regular aumenta el riesgo de desarrollar obesidad, hipertensión arterial, diabetes, aumento de colesterol y triglicéridos en la sangre. Todas estas condiciones aumentan la posibilidad de sufrir un infarto del corazón.

Sabemos que la vida en las grandes ciudades hace difícil disponer de tiempo y de un lugar adecuado para la práctica del ejercicio. Aun así, debemos esforzarnos en encontrar y dedicar 30 minutos diarios de nuestro tiempo para hacer ejercicio y favorecer nuestra propia salud.

Estrés. Existen muchas condiciones o eventos a nuestro alrededor que nos resultan molestos. Problemas en el trabajo, exceso de tareas, compañeros poco colaboradores, descompostura inoportuna del automóvil. Recordemos, sin embargo, que lo importante no son esos factores externos sino como reaccionamos ante ellos en nuestro interior. Quizá no puedes controlar todas esas situaciones en tu vida, pero sí puedes cambiar la forma de manejarlas emocional y psicológicamente.

Una buena recomendación consiste en tomarse 15 a 20 minutos diariamente para sentarse tranquilamente, respirar en forma profunda y traer a la mente imágenes agradables. El ejercicio, por otra parte, también es útil para liberar la tensión y hacernos sentir mejor.

Alcohol. Al tomarlo con moderación, tiene cierto efecto protector contra el ataque cardiaco. La razón es que, en pequeñas cantidades, tiende a elevar los niveles de HDL (colesterol bueno) sanguíneo. Las recientes investigaciones, señalan que es un componente específico del alcohol; sin embargo, es muy fácil excederse. Los efectos positivos del alcohol se pierden después de uno o dos vasos de vino o de dos cervezas, pues demasiada cantidad eleva la presión sanguínea y los niveles de triglicéridos, produce enfermedad del hígado, el páncreas, el sistema nervioso y da lugar a falla cardiaca.

Radiografía de un ataque cardiaco
Mientras tu corazón es oxigenado a través de las arterias coronarias, éste, normalmente se mantiene bombeando sangre, sin ningún problema. Las arterias sanas permiten que la sangre circule libremente y sin obstáculos.

Con el paso de los años y cuando la persona fuma o existen condiciones como elevación del colesterol, aumento de la presión arterial y otras alteraciones, comienzan a depositarse grasa, colesterol y otras sustancias en la parte interna de las arterias. Estos depósitos, conocidos como "placas" o "ateromas", al crecer producen obstrucción cada vez mayor de las arterias. Sobre estas placas se puede formar un coágulo que al bloquear completamente el paso de sangre a una parte del corazón es la causa del infarto.

Usualmente los síntomas de un ataque cardiaco o infarto al miocardio son:
-Dolor en el pecho, como una sensación de opresión, por más de 20 minutos de duración. En ocasiones el dolor puede presentarse en la mandíbula inferior, cuello, espalda o boca del estómago, esto puede acompañarse de:
-Falta de aire.
-El dolor se puede correr a los hombros, ambos brazos o preferentemente al brazo izquierdo.
-Náuseas, vómitos o "sentirse mal del estómago".
-Sudoración.
-Ocasionalmente pérdida transitoria del estado de conciencia.

Los síntomas en las mujeres son más sutiles, engañosos y vagos. En raras ocasiones se presenta el dolor en el pecho. Es frecuente que en la mujer exista sensación de opresión sin dolor de pecho, debilidad y fatiga repentina, sensación de malestar en la espalda, el pecho, el brazo, el cuello, la garganta o la quijada, así como ansiedad inexplicable.

En caso de sufrir alguno de los síntomas anteriores o ver a alguna persona con estos síntomas, actúa de inmediato, solicita ayuda, no pierdas tiempo, pues esto será la diferencia entre la vida o la muerte. La atención médica debe ser lo más pronto posible, pues a mayor tiempo sin recibir atención, mayor músculo cardíaco dañado.

El infarto del miocardio, en la mayoría de las ocasiones, es favorecido por un estilo de vida inadecuado, por lo que posterior a la enfermedad, se deberá promover una evaluación o cambio en el estilo de vida o la conducta.

Publicado en Complicaciones

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