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¿Qué afecta los niveles de glucosa?

Millones de personas en el mundo padecen diabetes y la mayor parte tiene una vida normal. Tú puedes forman parte de esa mayoría al mantener un nivel adecuado de glucosa en la sangre, para lo cual es preciso que tengas claro como diferentes acciones pueden incluir en ello.

Los alimentos
La alimentación es parte fundamental en el tratamiento de la diabetes. Una intervención nutricional planificada permitirá mantener los niveles de glucemia más cercanos a los normales y aportará suficientes calorías para mantener un peso adecuado.

Muchos alimentos contienen carbohidratos que el organismo convierte en glucosa. Normalmente, la insulina ayuda a que la glucosa abandone el torrente sanguíneo e ingrese en las células del cuerpo, donde se utiliza como energía para la actividad celular. No obstante, si una persona diabética no tiene suficiente insulina o no la produce, la glucosa no puede ingresar en las células y se acumula en altos niveles en el torrente sanguíneo.

Todos los carbohidratos (incluyendo los azúcares simples, almidones y carbohidratos complejos) elevan los niveles de glucosa en la sangre después de ser ingeridos, pero algunos constituyen mejores opciones, ya que son más nutritivos. Tal es el caso de los cereales integrales, las legumbres, los vegetales y las frutas frescas. Todos éstos son alimentos que proporcionan los nutrientes necesarios para mantenerse saludable; a ellos pueden sumarse las carnes blancas, los lácteos descremados y los aceites vegetales (en cantidad moderada). Asimismo, saltarse una comida u omitirla puede bajar las cifras de azúcar. Se recomienda medir los niveles de azúcar antes y después de cada comida para tener un mejor control sobre la dieta.

El ejercicio
Las rutinas de ejercicio son particularmente benéficas en los pacientes con diabetes tipo 2, aunque también representan ventajas fisiológicas, psicológicas y sociales en la persona con diabetes tipo 1. El ejercicio implica la actividad muscular y el aumento en el consumo de azúcar en el organismo, lo cual puede dar lugar al agotamiento de las reservas de glucosa (en músculo) y un mejor control de la misma en el cuerpo.

Es muy importante conocer las cifras de glucosa en sangre antes de tener actividad física, para ello conviene hacer uso del monitor de glucosa. De acuerdo con los especialistas en endocrinología y medicina interna, un resultado mayor a los 150 mg/dl (miligramos por decilitro de sangre) en sangre, es incompatible con el ejercicio porque puede incrementar los niveles de glucosa.

Lo anterior se debe a que las células no pueden utilizar la glucosa circulante y se destruyen las grasas para usarlas como fuente de energía, misma que tampoco puede ser utilizada por los músculos. En cifras cercanas al verdadero control (entre 70 y 110 mg/dl), dichas grasas pueden ser requeridas para poder realizar ejercicio y que realmente aporte beneficios.

Otro riesgo que implica la actividad física es la hipoglucemia, es decir, el descenso de los niveles de glucosa hacia una cifra menor a los 70 mg/dl. Ello ocurre cuando el ejercicio es muy intenso y por periodos prolongados. Para mantener un buen control, quienes se inyectan insulina requieren de una colación (fruta, jugo o cereal) antes, durante y después del ejercicio, dependiendo de la intensidad y tiempo del mismo.

Cuando se hace ejercicio dentro de los quince minutos después de haber ingerido alimento, los niveles de glucosa pueden estar bajos de tal manera que se hace necesario el consumo de unos diez a quince gramos de azúcares para evitar problemas. Puede ingerir una fruta fresca, dos cucharadas de cereales, cuatro galletas o cinco uvas, por ejemplo.

La insulina
Esta sustancia es una hormona producida por el páncreas, cuya función consiste en regular la cantidad de azúcar en la sangre. Al tomar alimentos, éstos al interior del organismo se transforman en glucosa, que es el combustible que requieren las células para trabajar. La glucosa viaja en el cuerpo a través del flujo sanguíneo y para entrar a las células necesita una “llave” especial. Justamente esa llave es la insulina y sin ella la célula no podrá alimentarse de la glucosa para funcionar.

La aplicación de la insulina a diario y, en ocasiones, varias veces al día, es para tratar de imitar la acción del páncreas, órgano que durante todo el día administra a nuestro cuerpo dosis mínimas de la hormona y que incrementa esas dosis cuando ingerimos alimentos. En el caso de las personas con diabetes el proceso arriba mencionado no ocurre o registra algunos problemas por lo que hay que inyectar la cantidad de insulina necesaria para conservar el equilibrio del cuerpo.

Los antidiabéticos orales
Son específicos para el tratamiento de la diabetes tipo 2. Existen cinco grupos principales, cuyo mecanismo de mecanismo de acción y la forma en la afectan los niveles de glucosa son:

Sulfonilureas. Ejercen su acción sobre el páncreas y lo estimulan para incrementar la secreción de insulina.

Biguanidas. Actúan nivel del hígado, y a través de ello disminuye la producción excesiva de glucosa por el órgano. Por esta razón, no suelen provocar hipoglucemia cuando son tomadas solas, aunque hay que tener cuidado si se utilizan en combinación con otro antidiabético oral.

Inhibidores de la alfa-glucosidasa. El mecanismo de acción de estos medicamentos puede explicarse de la siguiente forma: trabajan únicamente sobre el tubo digestivo, donde hacen más lenta la absorción del azúcar. Así, dan lugar a un descenso de las elevaciones de glucosa que se generan después de la comida en los pacientes con diabetes tipo 2.

Meglitinidas. Conocidas como los antidiabéticos “rápidos”, se administran justo antes de empezar a ingerir alimentos. Tiene la característica de poder suprimirse si por cualquier razón no se va comer en ese momento o la cantidad de alimentos es menor a la habitual; de esta manera, se evita el riesgo de hipoglucemias. Se dice que estos medicamentos ofrecen mayor flexibilidad en el tratamiento.

Tiazolidinedionas. Actúan, principalmente, sobre el músculo al disminuir la resistencia a la insulina, o bien permitiendo que cada unidad de insulina que el páncreas produce se aproveche mejor ahí mismo.

El estrés
Aparece en el momento en que una situación o un hecho, de alguna manera, representan una amenaza al organismo. Su origen puede ser físico, tal es el caso de las enfermedades o las lesiones, o bien puede ser mental, por ejemplo, los problemas en el matrimonio, en el trabajo, de salud o financieros.

Cuando aparece el estrés, el cuerpo se prepara para actuar. A este preparativo se le denomina “reacción de lucha o huida”, durante la cual se segregan niveles de distintos tipos de hormonas. El objetivo de estas últimas es proporcionar a las células una gran cantidad de energía almacenada (glucosa y grasa); de esa manera, dichas células están preparadas para ayudar al cuerpo a alejarse del peligro.

En los casos de las personas que padecen diabetes, la “reacción de lucha o huida” no funciona correctamente. La insulina no siempre es capaz de trasladar la energía extra a las células y, por consiguiente, la glucosa se acumula en la sangre.

Además, los efectos en las personas con diabetes tipo 1 son más variados. Si bien en la mayoría de los individuos los niveles de glucosa aumentan cuando padecen estrés mental, en otras, los niveles de azúcar pueden disminuir. En quienes tienen diabetes tipo 2, con frecuencia el estrés mental incrementa los niveles de glucemia.

Las enfermedades
Existe una gran cantidad de situaciones estresantes que se prolongan en el tiempo, como es el caso de las enfermedades, las lesiones y las intervenciones quirúrgicas, mismas que pueden tomar meses. Estos casos dan lugar a la producción de ciertas hormonas encargadas de lidiar con el peligro que amenaza al organismo. Y debido a que la enfermedad o la cirugía requieren un periodo más o menos largo de recuperación, los pacientes tienen niveles altos de glucosa también por periodos prolongados.

A tomar en cuenta
Muchas personas controlan su nivel de azúcar en la sangre varias veces al día: antes y después de las comidas, el ejercicio, la administración de medicamentos y antes de acostarse. Hable con su médico sobre cuándo controlarse y lo que significan los números.

Anote los resultados de los niveles de azúcar en la sangre en un diario de control. Usted puede utilizarlos para entender lo que está sucediendo y hacer cambios en su plan para la diabetes, desde luego, con asesoría de su médico. Este especialista también le enseñará a reconocer sus patrones en el nivel de azúcar en la sangre para entender cuándo su azúcar está muy alta, muy baja o está al nivel deseado.

Existen dos tipos de exámenes para el control del azúcar en la sangre. Uno de ellos lo puede hacer en su casa u oficina utilizando un medidor del nivel de azúcar en la sangre. El otro, conocido como examen de A-1-C, se hace algunas veces al año en un laboratorio. Ambos estudios pueden indicar si usted está en el nivel deseado.

Los análisis que se hacen en casa mediante el medidor de glucosa le proporcionan instantáneamente su nivel de azúcar en la sangre en ese momento. El examen A-1-C indica el promedio del nivel de azúcar en sangre durante los 3 meses anteriores.

Redacción

Publicado en Viviendo con diabetes

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