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Los tres enemigos blancos de la salud

Si acostumbras agregar sal adicional a los alimentos ya cocinados, prefieres los productos de repostería en lugar de panes integrales y tu consumo de azúcar cada vez es mayor, considera los beneficios que le representaría hacer algunos cambios a tu dieta.

Con ello no queremos decir que desde este momento debas comer sin sal, renunciar de por vida a los panes y pasteles que tanto te gustan ni utilizar un gramo de azúcar. Se trata de moderar las cantidades que ingieres y agregar alimentos con mayor contenido de fibra, pues ello te permitirá llevar un estilo de vida más saludable.

Harinas y azúcar
Estos productos pertenecen al grupo de los carbohidratos, nutrientes que representan la principal fuente energética en el cuerpo, ya que constituyen el combustible más importante para todas las células del cuerpo y la única fuente de energía para el cerebro y los glóbulos rojos. Se les clasifica en los siguientes tipos:
Simples. Son los azúcares y se caracterizan por su sabor dulce.

Complejos. Incluyen fibras y almidones.

Cabe destacar que nuestro sistema digestivo procesa muy bien los carbohidratos complejos y simples cuando estos se consumen en su estado natural (verduras, frutas o granos), lo que permite a los niveles de glucosa y de insulina mantenerse dentro de su rango normal. Sin embargo, tales compuestos han sido procesados de manera artificial, lo que ha dado como resultado la obtención de productos refinados.

Lo refinado
Muchos de los alimentos que consumimos contienen harina y azúcar refinadas. ¿Qué sucede al consumirlos?, el problema con este tipo de carbohidratos es que su absorción es muy rápida, por carecer de fibra y otros nutrientes. Por lo tanto, nuestro organismo toma sólo la energía (calorías) y se descompensa el nivel de glucosa e insulina en la sangre, desajustes que envían una señal de acumulación grasa en el cuerpo.

Lo anterior ocurre porque los productos refinados activan al páncreas para producir insulina (hormona encargada de regular los niveles de glucosa en sangre) adicional, y este extra evita que las grasas sean metabolizadas; en consecuencia, se acumulan en el organismo. Asimismo, ello ocasiona que el hígado produzca triglicéridos.

Consecuencias
Una dieta con carbohidratos refinados aumenta el riesgo de obesidad, diabetes, enfermedades cardiacas y algunos tipos cáncer. A este tipo de alimentos se les ha catalogado como de alto índice glicémico, lo que significa que se degradan rápidamente durante la digestión, causando que los niveles de azúcar en sangre aumenten rápidamente, y que permanezcan altos por más tiempo. Todo ello puede conducir a:
Diabetes. Al consumir con frecuencia los comestibles refinados, se mantienen niveles de glucosa e insulina elevados en forma permanente, lo cual puede “inutilizar” al páncreas con el tiempo. Eventualmente eso puede conducir a la diabetes tipo 2, a una edad más avanzada.

Cáncer. Por otra parte, hay buena evidencia de que las dietas con abundantes alimentos de elevado índice glucémico se relacionan con el desarrollo de tumores malignos. Esto es porque los picos constantes de la glucosa sanguínea que causan que el cuerpo libere más insulina, también aumentan una sustancia llamada “factor de crecimiento similar a la insulina tipo I”. Estas dos hormonas aumentan el crecimiento celular, pero disminuyen la muerte celular, lo que aumenta el riesgo de desarrollar cáncer.

Enfermedades cardiovasculares. Hay investigaciones que muestran que una dieta de alto índice glucémico tiende a reducir los niveles del colesterol bueno y aumenta los de triglicéridos. En consecuencia, se tiene mayor riesgo de sufrir padecimientos que afectan al corazón y la presión arterial.

La sal añadida
La sal, o cloruro de sodio, desempeña importantes funciones en nuestro organismo, pues el sodio que contiene regula la cantidad de líquidos en nuestro cuerpo y coopera en la transmisión de impulsos nerviosos. Por esta razón necesitamos cierta cantidad de dicha sustancia en la dieta. Se recomienda consumir unos 1500 miligramos de sodio diariamente, esto es menos de la cantidad contenida en una cucharadita; sin embargo, la mayoría de las personas consumen mucha más sal de la necesaria.

Un estudio efectuado en la Universidad de Indiana, Estados Unidos, se encontró que el consumo de sal incrementa el riesgo de sufrir enfermedades del corazón, posiblemente contribuyendo a agrandar el ventrículo izquierdo. Esto es especialmente cierto en el caso de algunas personas que por razones genéticas son sensibles a la sal.

Problemas por exceso
Una de las principales dificultades con el exceso de sal en la dieta es su participación en el desarrollo de hipertensión arterial, lo cual es más común en quienes sufren padecimientos renales y tienen antecedentes de presión arterial alta.

Además de contribuir a la hipertensión arterial, también se ha encontrado que incluso en las personas que no son hipertensas, restringir la sal reduce la presión arterial. Otras investigaciones indican que una cucharadita adicional de sal al día, con el tiempo, puede duplicar el riesgo de apoplejías (cerebral provocado por la interrupción del suministro de sangre al cerebro) en personas obesas.

Según los investigadores, la sal daña las paredes de los pequeños capilares del cerebro y contribuye a un gradual deterioro de la memoria. Aunque existe un buen número de personas que no son sensibles a la sal y el consumo elevado de esta no les hace aumentar su presión arterial, existen otras razones aparte de la hipertensión para moderar el consumo de sal. Por ejemplo, el exceso de sal también puede causar inflamación en las encías, la cavidad bucal y del sistema digestivo.

Todo con medida
Como se mencionó al principio, es importante reducir la cantidad de alimentos a base de harina refinada y azúcar, así como la de sal, pues de esta manera disminuye el riesgo de presentar enfermedades crónico-degenerativas. Quizá te resulte un tanto complicado, pero con fuerza de voluntad todo es posible, además, no dejarías de consumirlos, sólo se trata de equilibrar mejor la alimentación diaria.

Publicado en Nutrición y Ejercicio

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