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¿Dónde va la grasa cuando pierdes peso?

Empiezas una dieta estricta para perder peso, pasas horas en el gimnasio, corres, sudas y acabas deshaciéndote de esos antiestéticos michelines y pliegues que te sobraban. Pero, ¿sabes dónde va a parar la grasa corporal cuando adelgazas?

En contra de la creencia popular la grasa que se pierde no se convierte en energía, ni tampoco se desprende en forma de calor. Un estudio australiano reciente demostró que la mayoría de la materia grasa que eliminamos se expulsa a través de la respiración en forma de dióxido de carbono (CO2).

En un artículo dado a conocer en la revista British Medical Journal, el físico y divulgador científico Ruben Meerman y sus colegas de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW, por sus siglas en inglés) mostraron cómo para perder 10 kilogramos de grasa necesitamos inhalar 29 kilogramos de oxígeno y que, como resultado del proceso metabólico de eliminarlas, se producen 28 kilogramos de dióxido de carbono y 11 kilos de agua.

Los investigadores calcularon que de los 10 kilogramos de grasa que elimina una persona al adelgazar, 8.4 kilos se convierten en gas que se exhala y 1.6 corresponden a agua que se elimina a través de la orina, las heces, el sudor o la respiración.

“Entiendo que nada de esto resulta obvio para el público general, entre otras cosas porque el dióxido de carbono que exhalamos es invisible”, admite Meerman. Sin embargo, el investigador considera que “a estas alturas, con la crisis mundial de obesidad que vivimos, deberíamos ser capaces de responder a preguntas simples como dónde va la grasa”.

Que casi nadie -incluidos profesionales de la medicina, dietistas y entrenadores personales- respondiera correctamente le sorprendió tanto que decidió hacer los cálculos para explicar (y cuantificar) la bioquímica del adelgazamiento.

“Si como la mayoría suele pensar la grasa se convirtiera en energía o en calor estaríamos violando la Ley de Conservación de la Masa”, explica Meerman. Y admite que hay quien, a raíz de su trabajo, incluso le ha preguntado si la pérdida de peso masiva podría aumentar el calentamiento global.

La respuesta, claro, es un rotundo no, ya que la temperatura del planeta aumenta cuando se libera CO2 primitivo atrapado durante años en organismos fosilizados (por ejemplo, con la quema de combustibles fósiles. “Por el contrario, los átomos de carbono que exhalamos de vuelta a la atmósfera vuelven a ella después de pasar solo unos cuantos meses, o a lo sumo años, atrapados en alimentos”, aclara el investigador.

Fuente: CienciaXplora /Elena Sanz

Publicado en Nutrición y Ejercicio

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