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Comer sano fuera de la oficina… ¡Es posible!

Saber cómo adaptar a nuestras rutinas laborales hábitos alimenticios saludables es fundamental para evitar riesgos para la salud como una presión arterial alta, el desarrollo de una diabetes de tipo 2 o de una enfermedad de arterias coronarias que puede causar una angina de pecho o un ataque cardíaco.

El último informe de la revista The Economist sobre obesidad en España, revela que el 17 por ciento de la población española sufre obesidad, mientras que un 53,7 por ciento tiene sobrepeso. Unos datos alarmantes por los que UP Spain, especialista en la gestión de beneficios para los empleados, ha creado un decálogo de consejos prácticos para comer más sano fuera de la oficina:

1. Baraja tus opciones: cuando sólo dispones de una hora para comer es difícil pararse a evaluar cuál es el mejor restaurante. A menudo, esta elección queda reducida en la respuesta a la pregunta ¿cuál está más cerca de la oficina? Sin embargo, dedicar dos minutos a ver qué menú se está ofreciendo en el local, puede suponer una gran diferencia entre comer sano o lo primero que se nos presenta.

2. Aprovecha las nuevas tecnologías: se puede crear un plan previo mediante apps donde se marquen qué restaurantes quedan cerca de la oficina que ofrezcan una carta variada para, de este modo, poder consumir un menú equilibrado compuesto a base de carnes y pescados bajos en grasa.

3. No posponer las comidas: hay que tratar de evitar postergar las horas habituales de comida, con el fin de no darse "atracones" después, ya que genera digestiones más pesadas y una bajada de la concentración y productividad en el trabajo.

4. Elegir los platos con menos ingredientes: una vez llegados al restaurante, es preferible escoger aquellos platos que no contengan demasiados ingredientes, a no ser que sean verduras. Otro truco es no mirar las opciones durante demasiado tiempo.

5. Elegir las guarniciones con cuidado: un buen recurso es cambiarlas guarniciones por verdura.

6. Compartir los entrantes: una ensalada siempre es una buena opción.

7. Mejor agua que refresco: los refrescos suelen tener una cantidad muy elevada de azúcares que, al final, no sólo no quitan la sed, sino que nos eleva nuestra glucosa en sangre. Por ello, siempre es preferible pedir agua. 

8. Comer despacio: esto es debido a una cuestión digestiva, ya que cuanto más mastiques la comida, menos trabajo tendrá el aparato digestivo a la hora de procesarla y menos pesados nos sentiremos al final. Además, el estómago tarda en comenzar a digerir la comida entre cinco y diez minutos. 

9. Compartir el postre o limitarlo: optar por opciones como una pieza de fruta, un yogur, un café con leche o un té.

10. Convertir el ciclo en un hábito: convertir en rutina estas decisiones saludables con respecto a la comida va a resultar fundamental a la hora de ver los efectos. Más energía, menos pesadez y mayor capacidad de reacción. No obstante, permitirse determinados caprichos en momentos singulares no suponen una derrota.

Fuente: consalud.es

Publicado en Nutrición y Ejercicio

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