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Investigan inmunoterapia segura para frenar la diabetes tipo 1

Un sistema inmune confundido es la raíz de la diabetes tipo 1. Desequilibrada, la actividad inusual de las células T (producidas por los organismos saludables para dar alerta y atacar ante la entrada de microbios potencialmente dañinos en el torrente sanguíneo) deriva en ataques a las células pancreáticas beta productoras de insulina.

Sin una producción suficiente de insulina, el cuerpo deja de procesar el azúcar para convertirla en energía y así la salud del paciente empieza a decaer gradualmente con graves consecuencias. Este trastorno puede ser controlado, no erradicado, con la inyección de dosis de insulina que suplan la falta ante el mal funcionamiento del páncreas. Siendo implacable en su avance, la diabetes tipo 1, alguna vez conocida como “juvenil”, exige gradualmente dosis más altas de insulina.

Al ser una enfermedad autoinmune, la diabetes tipo 1 exigiría inmunoterapia para regular la actividad de las células T (como ocurre en otros desórdenes de este tipo como el lupus o la polimialgia reumática) y así resguardar el correcto funcionamiento del páncreas. Pero todas las ensayadas hasta la fecha han venido resultando infructuosas.

De ahí la atención concitada por el nuevo experimento de un equipo del King’s College de Londres, que ha logrado dar con una inmunoterapia segura para los pacientes, que frena el avance de la enfermedad. Los resultados preliminares del pequeño ensayo, publicados en la revista Science Translational Medicine, fueron alcanzados gracias a la inyección de segmentos cortos de proinsulina, una molécula producida por las células beta del páncreas que luego se convierte en insulina. En el torrente sanguíneo de los pacientes, los segmentos entrenan a las células T para que reconozcan a las células pancreáticas como inofensivas y dejen de atacar a las células beta que producen proinsulina.

La proinsulina, de esta manera, fue administrada a 21 personas diagnosticadas con diabetes tipo 1 en los 100 días previos; otros ocho pacientes recibieron un placebo. A los 12 meses del inicio del estudio, los pacientes que recibieron el placebo habían necesitado aumentar sus dosis de insulina en 50%. Los que recibieron proinsulina mantuvieron sus dosis estables, sin reacciones adversas.

Mark Peakman, participante de la investigación, asegura que la terapia, si los avances de la investigación van viento en popa, debería ser utilizable en cinco a diez años, enfocándose en la distribución entre pacientes jóvenes en las etapas iniciales de la enfermedad.

No obstante, no es la primera vez que la ciencia promete una inmunoterapia eficaz para este mal. Hace dos años, la misma publicación dio cuenta una inmunoterapia ensayada por la Universidad de California San Francisco, calificada de segura, en base a reguladores de células T. No obstante, aún continúa la investigación para el perfeccionamiento de la sustancia.

Fuente: N + 1

Publicado en Noticias e Investigación

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