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Desde el embarazo se originan los genes “apagados”, posible causa de problemas metabólicos en edad adulta

Avances científicos demostraron que si una mujer recién embarazada se alimenta con una dieta deficiente afectará su salud, la de sus hijos e incluso la de sus nietos. Raúl Ondarza-Vidaurreta, experto de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó que en los primeros días de gestación se transmiten los genes, “activados” o “apagados”, de lo cual dependerá que se altere el desarrollo del producto, como bajo peso al nacer, predisposición a la obesidad, diabetes y otras enfermedades.

Por ejemplo, la mujer embarazada que siguió una dieta pobre en minerales, proteínas y vitaminas, provocará que el embrión reciba la señal de que nacerá en un ambiente donde los alimentos esenciales escasean, comentó el también doctor Honoris Causa por la Universidad de París XIII.

La epigenética se ocupa de investigar cómo los hijos heredan y expresan nuevos rasgos provenientes del comportamiento y entorno de ambos padres, sin cambiar el código hereditario del ADN.

De acuerdo con diversos estudios de epigenética realizados a nivel mundial, se determinó que en gran medida lo que las abuelas comieron influyó en cómo los hijos heredaron y expresaron nuevos rasgos provenientes de una mala dieta, sin cambiar el código genético del ADN. Pero eso sí, se desactivaron los genes responsables del buen funcionamiento del organismo.

Durante el embarazo, las células del embrión se dividen multitud de veces y los genes se “encienden” o se “callan”, de acuerdo con los tejidos necesarios que se deben establecer para dar el producto completo; pero cuando la mujer carece de los nutrimentos esenciales ocurrirá un error y no podrán expresarse, lo que dará origen al desarrollo de diversas enfermedades.

“Este error se debe a los cambios conformacionales de la cadena del ADN que se enrolla a las proteínas (histonas) en forma de ‘nucleosomas’, ya que si las enzimas involucradas en copiar la información ‘escrita’ en el ADN no establecen contacto con los genes, esto provocará que se queden desactivados”, explicó el doctor en Ciencias de la UNAM.

A Ondarza-Vidaurreta, quien está próximo a publicar su libro especializado en epigenética, le llamó la atención un estudio realizado en Suecia, en el que se analizó el suministro de alimentos de tres generaciones de familias durante cada año, desde el momento en que fueron concebidos hasta que cumplieron la segunda década de su vida.

De este modo se encontró una fuerte asociación entre el suministro de alimentos de la abuela y la muerte por diabetes del nieto, así como una disminución en la esperanza de vida afectada directamente por la dieta de la primera generación familiar, de acuerdo con su certificado de defunción.

“Somos lo que las abuelas comieron, recibimos los genes buenos o malos de nuestros padres, pero de lo único que somos responsables es de lo que comemos”, finalizó el Ondarza–Vidaurreta, fundador de la cátedra de Epigenética en la Facultad de Medicina de la UNAM. (Agencia ID)

Publicado en Noticias e Investigación

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