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2018-07-21

Por qué la comida chatarra es adictiva

Al leer el nuevo libro de Michael Moss, Salt Sugar Fat (enlace en inglés) quizás empiece a deambular por los pasillos del supermercado con un mapa cuidadosamente trazado. El libro contiene una exhaustiva investigación sobre cómo la industria alimentaria crea productos adictivos con esos tres ingredientes, y cómo se comercializan al público que los consume más rápido que un Slurpee helado de 16 onzas. Aquí, Moss, periodista ganador del premio Pulitzer, cuenta lo que descubrió.

P. ¿Qué es lo que más lo sorprendió durante la investigación para escribir el libro?

R: Cómo los directivos más importantes de las principales empresas de alimentos no consumen sus propios productos. O dejan de consumirlos cuando se enfrentan a problemas de salud. Descubrí esto al comienzo de mi investigación, así que empecé a preguntarles a todos los que entrevistaba sobre su propia alimentación. El principal científico de Frito-Lay no comía papas fritas, como deseando resistirse al riquísimo sabor salado. Y el expresidente de Coca-Cola implementó un régimen integral de salud para su vida personal, desde yoga hasta zanahorias frescas como refrigerio —que también empezó a comercializar para compensar todos los años que dedicó a llenar de gaseosas a los niños—.

P: ¿Qué deberían hacer los lectores con todas estas pruebas de que la industria alimentaria nos manipula para alimentarnos de manera poco saludable?

R: Lo aconsejable es dedicar más tiempo a los pasillos externos del supermercado, donde están las frutas y verduras, y estar muy atentos en los pasillos del medio, especialmente a los productos que están a nivel de la vista porque ahí es donde colocan los productos con los niveles más altos se sal, azúcar y grasas. Sin perjuicio de los poderosos que puedan ser los gigantes de la industria alimentaria, en última instancia somos nosotros los que elegimos qué comprar y con qué frecuencia y eso es muy importante.

P: ¿Por qué terminamos con tanta sal en nuestros alimentos procesados?

R: Me sorprendió descubrir que no nacemos con predilección por lo salado, eso es algo que se adquiere alrededor de los 6 meses. Y, aparentemente, la industria alimentaria ha influido enormemente en nuestro gusto por la sal ya que se encuentra totalmente conectada a ella por ser un aditivo económico y milagroso que les permite evitar ingredientes más costosos como las especies y las hierbas frescas. Esa es la razón por la que el 75 por ciento de la sal que consumimos proviene de alimentos procesados, no del salero y por qué la industria se ha negado a reducirla. 

P: ¿Qué les dice a las personas que no quieren abandonar la comodidad de los alimentos procesados, donde encontramos la mayor cantidad de sal, azúcar y grasas?

R: Hay algunos estudios que demuestran que los alimentos "listos para consumir" no ahorran el tiempo que las personas creen. Puedes hacer que la alimentación represente una parte un poco más importante de tu vida y esto tendrá un efecto enorme en tu salud. Entonces, en lugar de tratar de ahorrar cinco minutos al cocinar, es mejor recortar cinco minutos de otra actividad ya que los resultados podrían ser notables.

P: ¿Qué producto resultó ser el ejemplo más notorio de un alimento procesado nocivo para la salud?

  R: Tengo que decir que el alimento perfectamente adictivo es la papa frita. Son saladas, lo que golpea su lengua de inmediato con esta gran corriente al cerebro, y están llenas de grasas saturadas —o muchas de ellas— que su cerebro también anhela para obtener energía. Pero lo sorprendente sobre las papas fritas es que también están llenas de azúcar, no por ningún aditivo sino por el tipo de carbohidrato que tienen que se convierte instantáneamente en azúcar en su cuerpo. Uno consume los tres [ingredientes] con cada papa —que sin duda es el motivo por el cual adoro las papas fritas—, y Frito-Lay acuñó el [eslogan] "Bet you can't eat just one" (Apuesto a que no puedes comer solo una). Quizás no sea el alimento más nocivo, pero ciertamente es el más tentador.

P: ¿Notó haber dejado de consumir papas fritas después de trabajar en el libro?

R: ¡No! [Risas] Para nada. Quiero decir, yo no estoy en contra de la comida chatarra. Hay que tener cuidado y estar al tanto de todo lo que hacen las grandes empresas de alimentos para obligarlo a tentarse y comer de más. Un puñado de papas fritas —si puede satisfacerse con esa cantidad— no va a dañar a nadie. La clave es, por supuesto, no excederse.

Fuente: AARP

 

Publicado en Noticias e Investigación

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