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Consumo de trigo híbrido, causante de obesidad y diabetes

El trigo es el principal causante de que más de 2000 millones de personas en el mundo padezcan sobrepeso; que alrededor de 400 millones sean obesos. Cerca de 1700 millones sufren de diabetes y 17 millones de estas personas mueren al año por infarto al miocardio o de ataques isquémicos cerebrovasculares.

La hibridación que sufrió el trigo en la década de los 70 propició una producción del grano que se multiplicó más de ocho veces por hectárea. El combate contra el hambre fue todo un éxito; desgraciadamente no hubo estudios para hacer pruebas de seguridad en su consumo. El ADN en el ser humano, respecto al aprovechamiento de su alimentación, sigue siendo el mismo; sin embargo, el ADN del trigo tuvo cambios que no corresponden a los procesos del metabolismo en los humanos.

El trigo desata poderosos efectos en el cerebro provocando una adicción que se compara con el de las drogas opiáceas. Las emociones se alteran exigiendo su consumo casi como el que provoca la heroína. Son tan poderosos sus efectos en el cerebro que, según algunas investigaciones, hay una relación estrecha entre el consumo del trigo y la esquizofrenia.

La obesidad es la afectación más generalizada como resultado del consumo de trigo modificado. En el organismo se dan ciclos de saciedad y de hambre regidos por la insulina. El resultado es la acumulación de grasa, principalmente en el abdomen y ésta es, precisamente, la acumulación más peligrosa, la que produce inflamación.

Entre más trigo se consuma, más alto es el nivel de azúcar en la sangre. Esto exige más producción de insulina, lo que provoca más acumulación de grasa. Como la digestión de esos carbohidratos es rápida, rápidamente pasa el estado de saciedad y regresa el hambre que te exige más trigo; por eso el enfermo de diabetes sufre de hambres continuas. A la velocidad con la que un carbohidrato se convierte en glucosa y se incorpora a la sangre se le llama índice glucémico y se mide alrededor de dos horas a partir de su consumo. En el trigo este índice es de 72, el de los frijoles es de 50, 25 el de la toronja y el de las nueces, cero.

Es en el proceso de la digestión donde comienza el problema. Las paredes y porosidades del intestino están programadas genéticamente para una asimilación y transformación de los alimentos en determinado tiempo. La rapidez que exige la digestión del trigo y su proteína gliadina obliga a esas barreras a romper o permear el paso hacia el fluido sanguíneo.

Al ensancharse las puertas de entrada, las barreras ceden el paso a componentes tóxicos que de inmediato provocan respuestas inmunológicas: inflamación y enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoide. Al desensamblarse las uniones entre las células de la barrera intestinal, la gliadina y otras fracciones de proteínas entran al torrente sanguíneo. El problema aumenta cuando también se dan paso algunos azúcares fermentados; esto ocasiona que al llegar a las células de los órganos sean rechazados junto con la insulina, provocando aumento de glucosa en la sangre. Este es el origen de la diabetes.

Otro problema es la acidez. Si el consumo de productos ácidos se hace habitual, el organismo ocupa las reservas de calcio de los huesos, dando como resultado la osteoporosis. El trigo es una fuente potente de ácido sulfúrico, mayor que el contenido en las carnes.

El envejecimiento prematuro es otra marca del consumo de trigo modificado; porque, al incrementarse el azúcar en la sangre aparecen productos de glicación avanzada que, según estudios, coinciden con la aparición de cataratas, endurecimiento de las arterias, Alzheimer, deterioro de la piel y disfunción del hígado, entre otros males. La glicación, que es la unión irregular de glucosa con proteínas, en pocas horas genera hemoglobina glicada; las cataratas se pueden formar tan sólo en 90 días con glucosa alta. La retinopatía, nefropatía, aterosclerosis, cáncer y la disfunción eréctil tienen el mismo origen.

En el cerebro puede ocurrir lo mismo que en el intestino: el trigo es capaz de violentar la barrera hematoencefálica y hacerla más porosa para invadir con sustancias nocivas. Los estudios confirman que a partir de 1970 los padecimientos como Parkinson, Alzheimer, esquizofrenia, falta de atención, autismo, migrañas, epilepsia, cataratas y neuropatía periférica están llenando de números las estadísticas.

Cuando el hígado y los riñones se saturan de fermentos y otras sustancias tóxicas, no pueden eliminarlos totalmente y envían a la piel gran parte de esta tarea. Al sobrecargarla se le ocasionan múltiples daños como: úlceras orales, lesiones elevadas, dermatitis, ronchas, acné, piel negra aterciopelada, enrojecimiento, psoriasis, vitiligo, úlceras genitales, erupciones con hinchazón, escamas, etcétera.

La pregunta obligada es: ¿qué se puede hacer con el trigo? Aquellos que modificaron su estructura genética no podrán regresar para devolverle su calidad. El tiempo y los intereses comerciales no lo permiten. No queda otra alternativa que alejarse de él; claro, la determinación corresponde a cada individuo.

Fuente: Diario de Xalapa / Benito Carmona Grajales (Academia Mexicana de la Educación, Sección Veracruz)

Publicado en Noticias e Investigación

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