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2018-06-24

Diabetes infantil: el presente del mundo

Es lugar común decir que los niños son el futuro. Si bien la aseveración es más o menos cierta, parecería omitir el hecho de que los infantes de hoy tienen problemas que reclaman soluciones urgentes:

¿Cuántos niños llegarán a la adultez en plenitud, gozando de salud, educación y oportunidades de desarrollo y calidad de vida?

La diabetes en niños y adolescentes es un serio problema de salud pública que crece en todo el mundo y que aqueja tanto a las naciones ricas como a las pobres en las zonas urbanas y rurales. Es un padecimiento que deteriora las funciones básicas de diversos órganos vitales y que puede provocar la muerte. Asimismo, es importante destacar que si bien existen tres tipos de diabetes, de las que una aqueja preferentemente a los infantes, hay otra más que antaño era inusual que se presentara en personas tan jóvenes y que hoy ya constituye una enfermedad recurrente. Hay un tercer tipo de diabetes que compromete la salud de los infantes desde que se encuentran en el vientre materno.

La diabetes en México es la principal causa de ceguera y de amputaciones de las extremidades. Asimismo, es responsable de buena parte de los casos de insuficiencia renal e infarto al corazón, amén de que coadyuva a otras patologías. La diabetes no es curable pero se puede controlar.

Los distintos tipos de diabetes pueden afectar de manera directa a los infantes, incluso desde que se hallan en el vientre materno. En 2013 más de 21 millones de niños nacidos vivos se vieron afectados por la diabetes durante la gestación. Por lo se requiere una estrategia integral para atender este serio desafío de salud pública.

Algunas cifras

Según la FID, en 2013 existían en el mundo 382 millones de personas con diabetes. Se estima que el número de individuos aquejados por esta enfermedad seguirá creciendo de manera que hacia el 2030, alrededor de 592 millones de personas la padecerán, lo que significará un incremento del 67%. En la actualidad, de los 382 millones de personas que tienen el padecimiento, el 44%, o bien 171 millones, desconocen que lo posee, dado que los síntomas tardan en aparecer. Empero, cuando éstos se manifiestan, a menudo ya hay un daño severo a órganos y funciones vitales humanas lo que disminuye la calidad de vida de las personas y sus familias, y reduce la esperanza de vida de quienes la padecen.

A esto hay que añadir que en 2013 la diabetes fue responsable de 5.1 millones de decesos en todo el planeta –cifra equivalente a la población total de Noruega–. Asimismo se estima que cada seis segundos se produce un deceso por diabetes en algún lugar del mundo.

En el gráfico anexo están a los 10 países con más diabéticos en el mundo. La lista la encabeza la República Popular China, que a la par del vertiginoso crecimiento que ha mostrado en décadas pasadas ha venido modificando sus estilos de vida en favor de los de tipo occidental, lo que naturalmente ha repercutido en la salud de su población. Aun cuando se trata de la nación más poblada del planeta, esa nación cuenta con una cantidad impresionante dediabéticos, equiparable al 85% del total de la población mexicana. En la lista le sigue India, la segunda nación con mayor demografía a nivel planetario. Estados Unidos, Brasil y la Federación Rusa ocupan el tercer, cuarto y quinto lugar, respectivamente, y detrás de ellos figura México, con un estimado de 8.7 millones de diabéticos. El gráfico corrobora el planteamiento inicial del presente ensayo: la diabetes aqueja lo mismo a países de altos niveles de desarrollo como a aquellos que no los tienen.

Adicionalmente, la FID advierte que lejos de ser un problema de salud esencialmente urbano, la diabetes rápidamente se ha propagado en las zonas rurales, y las comunidades indígenas figuran entre los sectores de la población más vulnerables, debido a la marginación que enfrentan y el difícil acceso a los cuidados médicos que requieren.

Los costos de los tratamientos médicos para los pacientes con diabetes son muy altos. En 2013, por ejemplo, el gasto mundial en diabetes para las personas en los rangos de edad de 20 a 79 años ascendió a 548 millones de dólares y para 2030 la erogación habrá aumentado a 627 millones. Quienes destinan mayores recursos a este fin son América del Norte –que incluye solo a Estados Unidos y Canadá– y el Caribe, quienes son responsables de la mitad del gasto total en tratamientos para la diabetes a nivel mundial. En contraste, Asia, donde se encuentran tres de los 10 países más diabéticos del planeta, solo destina el 1% de su gasto total en salud para atender el padecimiento. Además, dado que el 80% de los diabéticos en el planeta residen en países de ingresos medios y bajos, es evidente que dicha enfermedad tiene un efecto devastador en términos presupuestales para los programas de salud de esas naciones, puesto que hay también otras enfermedades y prioridades sanitarias que deben atender. A nivel local, la diabetes tiene un efecto empobrecedor en las familias debido a que, ante la incapacidad de los sistemas de salud de garantizar atención y cobertura adecuadas, los pacientes deben desembolsar sus recursos para lidiar con este flagelo.

A ello, súmese que la mayoría de las personas que padecen diabetes tienen entre 40 y 59 años de edad, lo que incide directamente en la economía de las naciones, por tratarse de una edad productiva y porque los pacientes enfrentan diversas discapacidades que les impiden desenvolverse de manera óptima en la vida laboral.

Diabetes en niños y la problemática en México

La diabetes es la enfermedad no transmisible más frecuente en la infancia, aun cuando las cifras referidas anteriormente parecerían sugerir que se trata de un problema menor respecto a la prevalencia y la incidencia en adultos. Cada año crece la incidencia de esta enfermedad en los pequeños a una tasa promedio de 3.9%. Empero, se observan diferencias importantes por grupos de edad. Así, en el rango de 0 a 4 años, el incremento de casos nuevos se produce a razón del 5.4% anual; de 5 a 9 años en un 4.3%; y entre los 10 y los 14 años en un 2.3%.3

Hasta hace no mucho era la diabetes tipo I la que aquejaba a los infantes. Sin embargo, cada vez se presentan más casos nuevos de diabetes tipo II en menores de 20 años.

De continuar tendencias, en 2020 el número de niños diabéticos se habrá duplicado respecto a las cifras imperantes en 2005 en menores de 5 años, en tanto que entre los menores de 15 años la proporción de crecimiento será del 70%. Es decir que, por lo menos hasta 2020, cada año se registrará un incremento de la enfermedad en los niños, de manera que la cifra rondará los 160 mil casos nuevos a fines de la presente década.4

¿Cuál es la problemática en México? Además de las cifras que reporta la FID, en que se registran 8.7 millones de mexicanos con el padecimiento, el 90% de los cuales enfrenta la diabetes II, es importante recordar que esta enfermedad es la primera causa de muerte en México desde el año 2000 hasta la actualidad. En el sexenio pasado, alrededor de medio millón de mexicanos perdieron la vida a causa de la diabetes.

Hay que referir que el país enfrenta un problema en el registro de las defunciones, dado que si bien existe un formato sugerido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y por la Secretaría de Salud (SSA) que dieron lugar a la Norma Oficial Mexicana NOM-040-SSA2-2004, a menudo no se reporta correctamente la razón por la que una persona fallece. Ello tiene relevancia estadística dado que impide documentar correctamente el estatus que las enfermedades y otras causas de muerte –como los homicidios, los accidentes de tránsito, etcétera– presentan en el país, lo que podría incidir en las políticas públicas destinadas a atender a cabalidad los problemas subyacentes.5

Pese a aquel problema, la diabetes es considerada el principal problema de salud pública a nivel nacional. En el cuadro anexo, la FID corrobora el pronóstico de que el número de casos nuevos seguirá creciendo en el país, de manera que hacia 2035, México será el quinto más diabético del mundo, con alrededor de 15.7 millones de enfermos, lo que significará un aumento del 55% respecto a 2013.

Otros datos: en México cada hora son diagnosticadas con la enfermedad 38 personas, en tanto cada 2 horas mueren 5 personas por complicaciones relacionadas con la diabetes.

Pero, ¿qué ocurre con los niños? El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) calcula que en el país existen 400 mil niños menores de 15 años con diabetes tipo I y tipo II, es decir que del total de quienes padecen la enfermedad en México, el 5% son infantes, y esa proporción aumentará en los años por venir.6 La expectativa del crecimiento de la diabetes en los pequeños se basa en otro dato: México ocupa el primer lugar en obesidad infantil a nivel mundial. Según la Encuesta nacional de salud 2012, el 32% de las niñas y el 36.9% de los niños en edad escolar básica, esto es, entre 5 y 11 años, padecen sobrepeso u obesidad, como resultado de los estilos de vida obesogénicos, incluyendo la ingesta de alimentos con alto contenido calórico.

Entre las causas que explican la alta mortalidad generada por la diabetes en México figuran la falta de políticas de prevención y de atención médica, mala asistencia y los altos costos de los tratamientos. La infraestructura hospitalaria es deficiente y las clínicas especializadas en el tratamiento de la enfermedad son escasas. A los pacientes pocas veces se les da una atención integral y a menudo, tras el diagnóstico, se procede a únicamente a prescribir medicamentos a fin de paliar los efectos de la alta concentración de glucosa en la sangre. Si bien el gobierno de Enrique Peña Nieto dio a conocer en 2013 la Estrategia nacional para el control del sobrepeso, la obesidad y la diabetes7, resulta insuficiente en función de los recursos y la infraestructura requeridos. A la fecha, se calcula que el gobierno federal destina 9 mil 500 pesos al año para atender a cada paciente diagnosticado con diabetes.8 Pero si se considera que la diabetes es una enfermedad crónico-degenerativa, esa erogación resulta a todas luces insuficiente, considerando no solo los costos de medicamentos, glucómetros, lancetas, tiras reactivas, etcétera, sino los tratamientos para los padecimientos asociados. Parte del problema estriba también en la falta de una estrategia nacional de salud, en la que el sobrepeso, la obesidad y la diabetes sean dimensionados de manera integral.

A la fecha se observan solo algunos esbozos para reconocer la problemática de la diabetes infantil, puesto que el enfoque, si bien pretende ser incluyente, no contempla medidas especiales para los grupos más vulnerables, entre quienes figuran los pequeños. Los niños, en general, mantienen una dependencia respecto a los adultos, quienes, ciertamente, operan –o deberían serlo– como agentes responsables de la procuración de su bienestar, sustento y calidad de vida. Sin embargo, donde hay un niño o niña con diabetes, seguramente hay un familiar adulto que también padece la enfermedad y que podría o no tomar las medidas pertinentes para controlarla. Los estilos de vida poco sanos de los infantes reproducen los de los adultos con quienes conviven, muchos de quienes, padeciendo la enfermedad, ignoran que la tienen y cuando lo saben, no necesariamente se comportan con apego al tratamiento requerido.

La diabetes trasciende al individuo: es una patología familiar y social y, en el caso de los niños, afecta su entorno inmediato, su desempeño escolar, su participación en la comunidad, etcétera. Existen numerosos registros que documentan la discriminación y el bullying que enfrentan los pequeños en la escuela y otros ámbitos, cuando se les diagnostica el padecimiento. Además, el impacto psicológico de saberse enfermos abona a favor de su exclusión o autoexclusión, pudiendo dar pie a trastornos en la personalidad de los infantes, justo en etapas formativas tan importantes en sus vidas.

Es necesario contar con una estrategia integral en materia de salud, dado que si solo se pone énfasis en suministrar medicamentos a los pacientes diabéticos sin atacar los malos hábitos alimenticios y sin ponderar el contexto socioeconómico en que se desenvuelven, la enfermedad seguirá avanzando más rápido que los esfuerzos por contenerla y, sobre todo, prevenirla. Dicho esto, será importante contar con más clínicas y hospitales especializados en la salud de los infantes, en general, y de aquellos que padecen diabetes en particular, con un enfoque integral y multidimensional en que se atiendan las causas y las consecuencias de la gran pandemia en el siglo XXI.

Fuente: alainet.org / María Cristina Rosas

Publicado en Noticias e Investigación

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